La Revolución Mexicana (1910‑1920) fue un conflicto armado y social que persiguió una serie de cambios profundos en la vida política, económica y cultural de México.
1. Derrocar el régimen dictatorial de Porfirio Díaz
Después de más de treinta años de gobierno autoritario, Díaz había concentrado el poder y los recursos en manos de una élite reducida, mientras reprimía cualquier forma de disidencia. Los revolucionarios buscaban poner fin a esa tiranía y sentar las bases de un gobierno más democrático y representativo.
2. Conseguir justicia social y mejorar la vida del campesinado
La mayoría de la población era campesina, vivía en extrema pobreza y trabajaba en condiciones abusivas. Entre las demandas estaban la redistribución de tierras, el aumento de salarios y el acceso a educación y salud para las zonas rurales.
3. Reconocer los derechos de los pueblos indígenas y preservar su cultura
Los pueblos originarios sufrían discriminación y la falta de reconocimiento de sus derechos. La revolución pretendía garantizar su participación política, respetar sus tradiciones y proteger sus comunidades.
4. Modernizar el país e impulsar la industrialización
Se buscó transformar a México en una nación moderna y productiva, fomentando la industria, la construcción de infraestructura (ferrocarriles, carreteras, puertos) y la adopción de nuevas tecnologías.
5. Afirmar la soberanía nacional y limitar la influencia extranjera
Ante la intervención y el dominio económico de potencias externas, especialmente de Estados Unidos, los revolucionarios exigieron mayor control sobre los recursos naturales y una política exterior independiente.
Si bien la revolución logró varios de sus objetivos —como la caída del régimen de Díaz y la promulgación de la Constitución de 1917—, muchas promesas quedaron pendientes y el país atravesó años de conflictos antes de alcanzar una relativa estabilidad en la segunda mitad del siglo XX.