Contexto histórico
El asedio de Masada fue un conflicto militar entre el Imperio romano y los rebeldes judíos sicarios, que tuvo lugar entre los años 73 y 74 d.C. en la fortaleza de Masada, situada en la actual Israel. Tras la Primera Guerra Judío‑Romana, Masada era el último bastión que se oponía a los romanos.
Inicio del asedio
En la primavera de 73 d.C., el gobernador romano de Judea, Flavio Silva, dirigió una legión de aproximadamente 10 000 soldados para atacar la fortaleza. Los defensores sicarios, liderados por Eleazar ben Yaʿir, eran alrededor de 960 personas, entre hombres, mujeres y niños.
Estrategias de asedio
Los romanos construyeron una muralla de asedio y una rampa para acceder a la cima. Los judíos respondieron lanzando piedras, incendiando áreas y tendiendo emboscadas a las torres de asedio.
Ruptura de la defensa
Tras varios meses, el 16 de Nisán del año 74 d.C., los romanos lograron romper la muralla. Al entrar, encontraron a los defensores muertos, pues habían optado por el suicidio masivo antes que rendirse. Según el historiador judío Flavio Josefo, solo sobrevivieron dos mujeres y cinco niños.
Legado
El asedio de Masada es un episodio clave de la historia judía y se ha convertido en símbolo de resistencia contra la opresión extranjera. Hoy, el sitio es una popular atracción turística y está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.