Procedentes de los sectores más humildes de París, los sans‑culottes fueron patriotas radicales que exigieron mayor justicia, igualdad de derechos políticos y una distribución equitativa de la propiedad. Se les llamó "sans‑culottes" (sin calzones) porque vestían pantalones; bajo el Antiguo Régimen los pantalones estaban reservados a la nobleza, mientras que los hombres del clero usaban vestidos y los del Tercer Estado, calzones. Sus pantalones a rayas en azul, blanco y rojo y la boina frigia los hicieron icónicos. Entre sus cantos favoritos estaban Ça ira y La Carmagnole, y los periodistas Jean‑Paul Marat («L'Ami du peuple») y Jacques Hébert («Le Père Duchesne») fueron sus principales voceros.
Origen del nombre sans‑culotte
Los periódicos realistas acuñaron el término "sans‑culotte" para describir a los revolucionarios que, en lugar de los elegantes culottes del Antiguo Régimen, lucían pantalones de lana a rayas. La aristocracia lo adoptó durante la Convención como un calificativo despectivo que aludía a la pobreza y supuesta falta de cultura de estos ciudadanos. Sin embargo, los propios revolucionarios abrazaron el apodo, convirtiéndolo en un símbolo de orgullo a partir de 1792, cuando los manifestantes gritaban «¡Vivan los sans‑culottes!» El término pasó a identificar a un tipo de ciudadano: patriotas radicales, buenos padres y esposos, representantes de la población parisina, lejos de ser una clase marginada.
Sociología de los sans‑culottes
Estudiar a los sans‑culottes resulta complejo porque muchos archivos se perdieron. Constituyen una categoría socio‑política concreta. Geográficamente aparecen primero en París y, poco después, en provincias. Socialmente provienen del pueblo: artesanos, pequeños comerciantes y obreros, tanto en la proto‑industria urbana como en el campo. No buscaban la fama por el discurso, sino la efectividad de sus acciones para que sus semejantes compartieran los beneficios. Suelen vivir en los suburbios parisinos junto a sus familias.
Los líderes revolucionarios, en contraste, pertenecían a la élite burguesa del centro de París. En cuanto a vestimenta, los sans‑culottes se distinguían de la aristocracia: pantalones, boina roja, chaqueta corta de tela conocida como «carmagnole», alpargatas y la horquilla tricolor. También adoptaron el pelo liso, opuesto a las pelucas nobles, y cantaban himnos colectivos como «La Carmagnole» o el «Himno de los marselleses».
Ideas políticas
Políticamente, los sans‑culottes odiaban a la aristocracia y al clero. Sus preocupaciones eran esencialmente materiales: vigilaban el precio del pan, ya que determinaba el valor de sus salarios y el coste de sus mercancías. Se organizaban bajo los principios de fraternidad y solidaridad entre las distintas secciones y sociedades populares. Herederos de Rousseau, demandaban una distribución igualitaria de la propiedad y una democracia real con derechos políticos idénticos para todos. Participaron en todas las jornadas revolucionarias de París, inicialmente bajo el liderazgo de los ultra‑revolucionarios de Jacques Roux. Tras su suicidio, la corriente pasó a los seguidores del periodista Jacques‑René Hébert, quien promovía el culto a la Razón y la dechristianización.
En marzo de 1794 los hébertistas fueron condenados por el Tribunal Revolucionario; su caída fue aplaudida por figuras como Danton. La ejecución de Hébert y sus seguidores debilitó gravemente a los sans‑culottes, que perdieron influencia tras la caída de Robespierre en 1794. Después del crudo invierno de 1794‑1795, presentaron sus últimas demandas en abril y mayo de 1795 (Germinal y Prairial del año III), para ser finalmente desarmados. Tras 1795, el movimiento sans‑culotte desapareció.
Para profundizar
- El París de los sans‑culottes, de Jacques Pauwel. Derlga, 2021.
- La invención del sans‑culotte: una mirada a la París revolucionaria, de Haim Burstin. Odile Jacob, 2005.