Historia de Europa

El enigma de los sapos que explotaron en Altona (Hamburgo)

En la primavera de 2005, los sauces del borde del estanque en la calle Stadionstraße, en el distrito de Altona, Hamburgo, mostraban sus primeros brotes verdes y un par de ánades se reflejaba en el agua oscura. Los transeúntes comenzaron a llamarlo el "pool of death" tras presenciar un fenómeno que todavía desconcierta.

Un brote de casi 1.000 sapos muertos

Werner Smolnik, de la rama local del Naturschutzbund (NABU) en Hamburgo‑Altona, recuerda: «Llegué al depósito de aguas pluviales temprano por la mañana y vi a varios sapos salir frenéticamente del agua. Emitían un sonido más parecido a un grito que a un croar, se inflaban y, en algunos casos, explotaban violentamente, expulsando sus entrañas». Incluso quedó con restos en la rodilla.

Los paseantes también quedaron impactados al ver los cadáveres esparcidos por el borde del estanque. Smolnik, de 68 años, calculó que había alrededor de mil sapos muertos. Alertó al departamento de obras públicas, que envió a un biólogo, pero ninguno pudo explicar lo ocurrido.

Cierre del área y cobertura mediática

Las autoridades acordonaron el estanque, frecuentado por paseadores de perros, con cinta de seguridad y carteles que prohibían el acceso para evitar la posible propagación de enfermedades o exposición a toxinas. El caso llamó la atención de la prensa internacional: BBC, USA Today y The Independent publicaron notas, y el programa cómico "Dittsche" de Olli Dittrich hizo referencia a los "sapos torpedo".

Investigaciones sin resultados claros

El Instituto de Higiene y Medio Ambiente analizó muestras de agua en busca de bacterias peligrosas, toxinas, pesticidas y fertilizantes, sin encontrar anomalías. Se introdujeron copépodos y peces de acuario en el agua; sobrevivieron sin problemas. Veterinarios oficiales examinaron los cuerpos y, salvo por una lesión en el flanco bajo el arco costal, no detectaron patologías.

La explicación al estilo Hitchcock

El veterinario berlinés Frank Mutschmann, presente en Hamburgo por una conferencia, tomó algunos ejemplares vivos y muertos para examinarlos en su clínica. Su diagnóstico fue sencillo: «Los cuervos se abalanzaron sobre los sapos, picoteando la piel y arrancando el hígado. Los anfibios, al inflarse como mecanismo de defensa, explotaban por la herida, expulsando sus órganos internos».

Con esta teoría, que recuerda a los giros dramáticos de Hitchcock, las autoridades cerraron el caso.

  • Parte 1: Casi 1.000 sapos muertos
  • Parte 2: La teoría del cuervo depredador