La construcción del Canal de Kiel no solo supuso una hazaña de ingeniería, su apertura en 1895 fue también un espectáculo de superlativos. El emperador Guillermo II quiso una celebración a la altura del proyecto más prestigioso del Imperio alemán.
Un festival de tres días y un coste de un millón de marcos, patrocinado por el Estado, comenzó el 19 de junio de 1895 en Hamburgo. Tras un banquete oficial en el ayuntamiento, la comitiva se trasladó al Alster para tomar café en una isla artificial de 6.000 m², erigida sobre 760 pilotes y destinada a 1.600 invitados. Después, la flota se dirigió al puerto y zarpó hacia Brunsbüttel a bordo del yate imperial "Hohenzollern". Tras atravesar la nueva esclusa, el yate continuó hasta Kiel, seguido por un desfile de 23 embarcaciones con príncipes, duques y el zar ruso a bordo. El viaje duró ocho horas y media.
Coste del festival: 1,7 millones de marcos
Todo para el Kaiser: en Hamburgo se construyó un pontón donde Guillermo II tomó café con sus invitados. La inauguración oficial tuvo lugar el 21 de junio de 1895 en Kiel, en el recinto ferial de Holtenau, decorado con guirnaldas y banderas. Dos tribunas gigantes, con capacidad para 5.000 personas, y guardias en uniformes de época daban solemnidad al acto. También se erigieron un muelle a medida, un hotel‑barco, un pedestal, jardines y una posada con forma de velero, todo para honrar al Emperador.
Yates, rosas y cañonazos: la fiesta del Kaiser
La construcción del canal, concluida el 21 de junio de 1895, llevó ocho años. Tras la colocación de la piedra angular con martillo y disparos de cañón, se sirvió un suntuoso banquete para unos 1.000 aristócratas en mesas de 100 m de longitud, adornadas con más de 120.000 rosas, un gasto de 100.000 marcos. Seguidamente, una procesión fluvial con yates de Estado, buques de guerra y de pasajeros desfiló por el canal. Uno de los primeros filmes mudos de la historia capturó el espectáculo. El festival de tres días costó a los contribuyentes wilhelminos 1,7 millones de marcos, pero resultó una inversión estratégica: el canal permitía a la flota alemana pasar rápidamente entre el Mar del Norte y el Báltico.
Un canal con doble objetivo: comercial y militar
El Canal de Kiel tiene un predecesor: el Canal de Schleswig‑Holstein, construido por el rey danés Christian VII entre 1777 y 1784. Rebautizado en 1853 como Canal de Eider, conectaba Kiel con el río Eider cerca de Rendsburg y, a través de la costa, con el Mar del Norte. Sin embargo, la travesía seguía tomando varios días.
El Canal de Kiel en el siglo XIX
Su construcción respondió a consideraciones estratégicas. El Canal de Schleswig‑Holstein era demasiado estrecho para los buques de guerra alemanes y no se podía ampliar. En 1864, al inicio de la guerra con Dinamarca, el canciller prusiano Otto von Bismarck ordenó diseñar una nueva vía que permitiera a la flota pasar del Báltico al Mar del Norte sin depender de los cañones daneses.
Fue en 1878, tras la fundación del Imperio alemán, cuando el empresario y armador hambriento de progreso Hermann Dahlström (conocido como "Kanalström") presentó al gobierno del Reich un proyecto que combinaba intereses comerciales y militares. El plan preveía unir el fiordo de Kiel con la desembocadura del Elba cerca de Brunsbüttel, aprovechando cauces naturales. El emperador Guillermo I apoyó rápidamente la iniciativa.
Gran ceremonia de la colocación de la primera piedra (1887)
El 3 de junio de 1887, Guillermo I colocó la piedra fundacional con gran pompa en el distrito de Holtenau, Kiel, frente a 1.000 invitados de honor y bajo una impresionante procesión naval. La celebración se prolongó durante dos días. Los ocho años siguientes fueron más modestos: más de 8.000 obreros trabajaron diez horas diarias, cobrando 30 pfennig por hora, para ejecutar los ambiciosos planes.
Movimiento masivo de tierra
Se excavaron más de 80 millones de metros cúbicos de tierra, a máquina y a mano. Se reforzaron los taludes y se construyeron enormes esclusas en Brunsbüttel y Kiel‑Holtenau para contrarrestar las variaciones de nivel. Los accidentes eran frecuentes: caídas de andamios, objetos que golpeaban a los trabajadores y brotes de cólera, aunque este último se contuvo rápidamente.
Al concluir la obra, el canal medía 98,65 km de longitud, 67 m de ancho y 9 m de profundidad. Su coste total ascendió a 156 millones de marcos de oro; posteriormente Guillermo II introdujo un impuesto al vino espumoso para financiar la inversión.
La construcción transformó el paisaje de Schleswig‑Holstein: granjas y poblados fueron desplazados, municipios como Sehestedt se dividieron y tierras agrícolas quedaron separadas.
La gran inauguración del "Canal Kaiser Wilhelm"
Guillermo I falleció antes de ver finalizada la obra. Fue su nieto, Guillermo II, quien el 21 de junio de 1895 inauguró el canal con entusiasmo, ya que la Marina Imperial era su "juguete favorito" para proyectar la potencia del Reich. Hasta 1895 el canal se conocía como Canal de Kiel; al abrirlo, el emperador lo rebautizó espontáneamente como "Canal Kaiser Wilhelm".
Expansiones continuas
Desde su apertura el 1 de julio de 1895, el canal, conocido internacionalmente como "Kiel Canal", se convirtió en la vía artificial más transitada del mundo. Sin embargo, la llegada de buques de mayor calado obligó a ampliarlo entre 1907 y 1914, alcanzando 102,5 m de ancho y 11 m de profundidad, con nuevas esclusas y puentes.
Recuperación tras las guerras y nuevas ampliaciones
Los conflictos mundial y la crisis económica dejaron el canal en mal estado. En 1948 los Aliados ordenaron cambiar el nombre a Canal de Kiel. Tras obras de seguridad en la posguerra, se inició otra fase de ampliación en 1965, ensanchando el tramo entre Brunsbüttel y la compuerta de Königsföder a 162 m. Modernizaciones continuaron hasta 2001; hoy se siguen construyendo nuevas esclusas y se planea ensanchar nuevamente la vía para acomodar los buques de última generación.
Ruta marítima clave y atractivo turístico
Actualmente el Canal de Kiel es la ruta marítima artificial más transitada del planeta. En sus momentos de mayor actividad, cerca de 30.000 buques de carga y cruceros atraviesan la vía al año, aunque la cifra está disminuyendo. El canal también es un imán para turistas y excursionistas: carriles bici, senderos, servicios de ferry, puentes imponentes y paisajes naturales lo convierten en un destino popular.