En la mitad del siglo XII, Enrique I, duque de Baviera y Sajonia, amplió su dominio desde el sur hasta el norte de Alemania. En 1142 tomó el control de Braunschweig y, tras una larga carrera, falleció en 1195 en su residencia de Brunswick.
Su figura se conserva en varios lugares: el león de bronce frente al castillo Dankwarderode de Braunschweig y en las fachadas de las catedrales de Lübeck, Ratzeburg y Schwerin, así como en el Palacio Imperial de Goslar. Ese león, símbolo heráldico de los güelfos, representa el poder que Enrique trasladó del sur a la región norteña.
Orígenes y rivalidad con Federico Barbarroja
Nacido alrededor de 1129 en Ravensburg, Enrique se convirtió en el principal rival del emperador Federico I Barbarroja, quien fue coronado en 1155. En una época en la que sólo los príncipes imperiales con recursos podían negociar su lealtad, Enrique dedicó su vida a ampliar los territorios güelfos y consolidar su influencia. Su capital, Brunswick, la convirtió en un centro religioso y militar al erigir una catedral y ampliar el castillo de la ciudad.
Enrique el León y la Cruzada de los Véndicos
En 1147 participó en la Cruzada de los Véndicos, promovida por el Papa Eugenio III y Bernardo de Claraval para cristianizar a las tribus eslavas al norte y al este del Elba. La campaña le permitió someter partes del Imperio Obotrita, hoy Mecklenburg‑Occidente Pomerania, sin tener que acompañar al emperador en la Segunda Cruzada. Así, Enrique fortaleció su posición frente a los demás príncipes imperiales.
Conquista del reino obotrita
En 1160, junto al rey danés Waldemar I, venció al príncipe obotrita Niklot, quien murió en batalla. Su hijo Pribislaw, tras resistir brevemente, se convirtió al cristianismo y recibió sus dominios como feudo de Enrique en 1167, dando origen a la ducal casa de Mecklenburg.
Refundación de la ciudad hanseática de Lübeck
En 1159 Enrique refundó Lübeck, devastada por un incendio. Gracias a acuerdos comerciales con Suecia, la isla de Gotland y la Rus de Novgorod, garantizó la supremacía de la ciudad en el comercio báltico. Los ricos comerciantes pagaban altos impuestos al duque, lo que generó una enorme riqueza para ambos. Lübeck se consolidó como una de las ciudades más importantes del norte de Europa durante siglos.
Conflicto con Federico Barbarroja
En 1176, en el apogeo de su poder, Enrique intentó rebelarse contra Barbarroja, exigiendo la ciudad minera de Goslar a cambio de su apoyo contra la Liga Lombarda. El emperador se negó y, tras la campaña, se alió con los rivales de Enrique entre los príncipes imperiales. En varias dietas se presentaron cargos contra él; él respondió con contrademandas, pero nunca asistió personalmente a los juicios.
Finalmente, Barbarroja impuso la prohibición imperial contra los güelfos y repartió los ducados de Baviera y Sajonia entre sus adversarios, acompañando la medida con una campaña militar contra el duque.
Prohibición, exilio y retorno
En 1182 Enrique fue proscrito y buscó refugio en Inglaterra bajo la protección de su suegro, el rey Enrique II. En 1189 regresó a Alemania gracias a la mediación de los arzobispos de Maguncia y Colonia, recuperando pequeñas parcelas de sus dominios. No fue sino hasta 1194 cuando fue rehabilitado tras reconciliarse con el nuevo emperador, Enrique VI; los territorios alrededor de Brunswick le fueron devueltos. Falleció un año después, en 1195.
El hijo de Enrique como emperador
Su tercer hijo, criado en Inglaterra bajo la tutela de su tío, el rey Ricardo Corazón de León, ascendió al trono imperial en 1209 como Otón IV. Su reinado estuvo marcado por la disputa con el papado por el Reino de Sicilia, lo que provocó su excomunión y derrota militar en 1214. En 1215 fue depuesto a favor del Hohenstaufen Federico II. Otón sigue siendo el único güelfo que ha ocupado el trono del Sacro Imperio Romano.