Historia de Europa

Cuando Río de Janeiro fue la capital de Portugal

Contexto previo

Tras la excomunión de Sancho II y la guerra civil, Alfonso III se alzó en el trono de Portugal en 1248. Con el reino pacificado, dirigió sus esfuerzos a la reconquista del sur, venciendo a los musulmanes y firmando el Tratado de Badajoz (1267) que fijó la frontera con Castilla en el Guadiana. En 1255 trasladó la corte de Coimbra a Lisboa, ya próspera por el comercio marítimo. Algunos historiadores consideran a Coimbra la capital legal y a Lisboa la capital de facto, pero, dejando a un lado ese detalle, Río de Janeiro (Brasil) fue la capital de Portugal durante 13 años.

La fuga a Brasil (1807‑1808)

El 27 de octubre de 1807 se firmó el Tratado de Fontainebleau entre Manuel Godoy, Carlos IV de España, y Napoleón Bonaparte, que autorizó el paso de tropas francesas por territorio español para invadir Portugal, aliado de Gran Bretaña. Ante la amenaza, el 29 de noviembre de 1807 la familia real portuguesa, encabezada por el príncipe regente (futuro Juan VI) y acompañada por unos 15 000 miembros de la corte, abandonó Lisboa bajo escolta británica y cruzó el Atlántico hacia Brasil.

Cuando Río de Janeiro fue la capital de Portugal

El 22 de enero de 1808, el príncipe regente promulgó, bajo presión británica, un Real Decreto que abrió los puertos brasileños al comercio libre con naciones amigas (principalmente Inglaterra). El 7 de marzo la corte arribó a Río de Janeiro, estableciendo allí los órganos de gobierno del reino y su imperio colonial.

Río de Janeiro como capital del Imperio

La llegada de la monarquía causó euforia y caos. La ciudad, de apenas 60 000 habitantes, no estaba preparada para acoger a cientos de nobles, funcionarios y sus pertenencias. Se expropiaron casas, se construyeron nuevas residencias y, tras la apertura de los puertos, se resolvieron los problemas de suministro, aunque aumentó la dependencia de Gran Bretaña. Inmigrantes, sobre todo británicos, llegaron en masa, convirtiendo a Río en la urbe más cosmopolita de América del Sur. La ciudad se esforzó por estar a la altura de su nuevo estatus imperial.

Cuando Río de Janeiro fue la capital de Portugal

Tras la derrota de Napoleón, el Congreso de Viena (1815) reorganizó Europa, pero el príncipe regente decidió quedarse en Río. Para silenciar a los monárquicos que protestaban por una capital colonial, elevó a Brasil a reino, creando el Reino Unido de Portugal, Brasil y el Algarve. Cuando su madre María I murió en marzo de 1816, el príncipe se proclamó Juan VI, rey de Portugal y Brasil.

Regreso a Portugal y la independencia de Brasil

El alejamiento de la corte impulsó el liberalismo en Portugal y despertó el sentimiento independentista en Brasil. Ante la presión de los liberales, Juan VI regresó a Lisboa el 25 de abril de 1821, dejando a su hijo Pedro como regente. En 1822, Brasil volvió a ser tratado como colonia, lo que provocó la rebelión liderada por Pedro, quien el 7 de septiembre proclamó la independencia con el famoso grito de Ipiranga: «¡Independencia o muerte!»

Pedro fue coronado emperador el 12 de octubre y formalizó su título el 1 de diciembre como Pedro I de Brasil. Existen dos versiones sobre su decisión: una atribuye la iniciativa a su propio impulso, la otra a la recomendación de su padre, quien anticipó la inevitable separación del imperio. Sea cual sea la razón, Juan VI facilitó la independencia al crear instituciones locales, abrir el comercio y modernizar la infraestructura, convirtiendo a Río de Janeiro en la capital cultural de América.