El 13 de septiembre de 1965, durante su primera gira por Alemania, los Rolling Stones tocaron en la Ernst‑Merck‑Halle de Hamburgo. Los dos conciertos de ese día terminaron con 47 detenciones y ocho heridos.
Por Maya Ueckert
A mediodía, en el aeropuerto de Hamburgo‑Fuhlsbüttel, unos 2 000 jóvenes esperaban al "grupo más pesado del mundo". Las chicas gritaban hasta quedarse sin voz y los chicos vitoreaban. Cuando la banda desembarcó, la multitud rompió las barreras, aunque la policía mantenía el control y los servicios de emergencia estaban preparados para cualquier incidente.
Entre la muchedumbre estaba Ulrich Schröder, de 15 años, que había viajado en tren desde Uelzen. "Sentía una enorme expectación, era lo mejor de mi vida. Hoy vería a los Stones y mi corazón latía a mil por hora", recuerda.
La reputación de "Bad Boys" precede a los Stones
El segundo álbum de estudio de la banda ya estaba circulando en Hamburgo y su imagen de "chicos malos" contrastaba con la de los "buenos" Beatles. Ese estilo ruidoso, rugoso y salvaje conectó con la juventud rebelde alemana, que buscaba sacudir el establishment.
"Los fans de los Beatles eran unos debiluchos"
Schröder recordaba: "Lo que se escuchaba en la radio alemana entonces no era nuestra música. No teníamos nada que ver con Rex Gildo o Roy Black. Queríamos romper con la monotonía que nos rodeaba. Los Stones eran perfectos para nosotros; los fans de los Beatles nos parecían debiluchos".
Preparativos policiales
Los padres de Ulrich, agricultores del campo, no aprobaban la música británica, pero le permitieron ir al concierto bajo advertencias: "No rompas nada, si hay problemas vete, vuelve a casa sano y lleva ropa decente". La policía de Hamburgo, anticipándose a posibles disturbios, desplegó abundantes unidades y servicios de emergencias.
El primer concierto (17:30)
Alrededor de 6 000 personas llenaron la sala. Según el "Hamburger Abendblatt", el ambiente era caótico: "Las chicas gemían de éxtasis, lloraban, los stewards las empujaban de vuelta a sus asientos. Un joven empezó a desvestirse y, tras la orden del steward, se volvió a vestir y se golpeaba la cabeza con los zapatos". Los boletos costaban ocho o diez marcos, una suma considerable en 1965.
El espectáculo duró apenas 20 minutos, lo que dejó a muchos decepcionados. Schröder comenta: "Se apagó rápido, y con los gritos no se escuchaba bien la música. Tenía otro boleto para el segundo concierto y estaba feliz de estar allí".
El segundo concierto y el estallido de la riña
La segunda función volvió a encender la sala, pero la tensión fuera del recinto aumentó. Más de 2 000 jóvenes, frustrados por no haber conseguido entradas y por un “aburrido descontento contra todo”, se enfrentaron en la calle. El periódico describió la consigna del momento: "¡Ahora hay yeso!" y relató una pelea callejera que duró horas, alimentada por grupos ya conocidos como "vándalos" del parque de la ciudad.
Los daños fueron extensos: coches destrozados, casetas de guardia volcadas, árboles caídos, papeleras destrozadas, carteles electorales rasgados, farolas y escaparates rotos. La policía arrestó a 47 jóvenes y ocho resultaron heridos.
De fanático a gestor de museo
Ulrich Schröder nunca imaginó que los Stones tendrían una carrera mundial de décadas. Con el paso del tiempo, se convirtió en uno de sus seguidores más fervientes, llegó a conocer al guitarrista Ron Wood y a menudo estuvo presente tras el escenario. En 2011 abrió el "Stones Fan Museum" en Lüchow, donde se exhiben entradas y carteles de los conciertos de Hamburgo de 1965, entre otros recuerdos.