La llamada migración de los pueblos es una fase de la historia europea que aún genera dudas. ¿Por qué empezó este movimiento? ¿Cómo se desarrolló? Las respuestas siguen siendo objeto de debate, incluso el propio nombre del fenómeno varía: en inglés se habla de “Migration Period”, mientras que en alemán se conoce como "Völkerwanderung" y en el pasado se usaron expresiones más sensacionalistas como "Invasiones bárbaras". Sea cual sea el término, lo cierto es que, en la transición de la Antigüedad al Medievo, tribus germánicas (o partes de ellas) se desplazaron masivamente hacia el territorio del Imperio romano.
El período de migraciones y Roma
Los grandes movimientos migratorios no eran inéditos en Europa; la movilidad había sido la norma durante la mayor parte de la historia humana. Lo que cambió fue la percepción romana, que veía a esos grupos como "bárbaros" que amenazaban sus fronteras. Para contenerlos, Roma construyó el Limes y, a partir del siglo IV, comenzó a contratar a tribus germánicas como foederati, ofreciéndoles tierras a cambio de servicio militar. Así, el ejército romano obtuvo guerreros baratos, pero al mismo tiempo cientos de miles de extranjeros se asentaron dentro del Imperio.
El inicio clásico de la migración se suele situar con la llegada de los hunos, un pueblo ecuestre procedente de las estepas de Asia Central (probablemente la actual Mongolia). Su aparición repentina en Europa central a finales del siglo IV obligó a varias tribus germánicas a desplazarse hacia el oeste, a veces como invasores y otras como refugiados económicos. No se trató de migraciones masivas de pueblos enteros, sino de grupos de guerreros y sus acompañantes, que en algunos casos alcanzaron los 30.000 individuos.
Los primeros contactos de Roma fueron con los godos, que huían de los hunos y derrotaron al Imperio en la batalla de Adrianópolis (378). Tras ser asentados temporalmente, treinta años después los godos asaltaron Roma, marcando el primer gran golpe al declive del Imperio occidental. En 406 el Limes del Rin colapsó y tribus germánicas invadieron la Galia. A partir de entonces, las sociedades tribales germánicas se convirtieron en la norma en los antiguos territorios romanos.
El caso particular de los vándalos
Los vándalos fueron una de las tribus que cruzaron el Rin en 406 y, tras una breve estancia en la Galia, cruzaron los Pirineos hacia la Península Ibérica. Allí, tras ser atacados por los visigodos en nombre de Roma, se trasladaron a África del Norte, donde tomaron Cartago. En tan solo 25 años habían recorrido desde el centro‑norte de Europa hasta la actual Túnez.
Lo que diferencia a los vándalos es su faceta marítima: se apoderaron de la flota cartaginesa y fundaron un reino naval que sobrevivió mucho después de la caída del Imperio romano de occidente. Conquistaron Sicilia, Cerdeña y Córcega, y en 455 saquearon la propia Roma. Su reino fue derrotado por el Imperio bizantino en el siglo VI.
Los suevos: ¿suevos en Portugal?
Los suevos también participaron en la invasión del Rin en 406. A diferencia de los vándalos, lograron pactar con los visigodos y con los restos romanos para establecer su propio reino en la actual Galicia y el norte de Portugal. Este reino, aunque menos poderoso que el vándalo, perduró hasta finales del siglo VI y, según la tradición portuguesa, es considerado precursor del Estado moderno.
Los suevos provienen del noreste de la actual Alemania, a orillas del río Oder, y estaban ya descritos por Julio César y Tácito. Incluían subgrupos como los lombardos y, según algunas fuentes romanas, incluso a los anglos. Sin embargo, dejaron escasas huellas arqueológicas y documentales.
¿Fue única la migración de los pueblos?
Vándalos y suevos son solo dos ejemplos de un proceso que transformó Europa. Tras la caída definitiva de Roma, los asentamientos germánicos dieron origen a los reinos que marcarían la Edad Media: visigodos en Hispania, francos en Galia, anglos y sajones en Britania, y más tarde eslavos en el este. Aunque el término "Migración de los pueblos" se popularizó en el siglo XIX por intereses nacionalistas, la influencia de estos movimientos es innegable.
Este fenómeno no fue aislado en la historia mundial. Los eslavos, los árabes y los moros, o incluso los celtas del primer milenio a.C., llevaron a cabo migraciones de gran escala. Lo que otorga especial relevancia a la migración de la Antigüedad tardía es su coincidencia con el colapso del Imperio romano de occidente.
En el podcast de esta semana analizo este periodo desde la perspectiva del Imperio en declive y exploro su relación con el cambio climático actual. Si te intriga cómo conectar la caída de Roma con los retos climáticos de hoy, ¡no te lo pierdas!