Historia de Europa

Lo que se sabía del globo terráqueo en la Edad Media

Lo que se sabía del globo terráqueo en la Edad Media

Cuando Cristóbal Colón cruzó el Atlántico en 1492 cambió la historia para siempre. Su "descubrimiento" de América se suele considerar uno de los hitos que marcan el final de la Edad Media. Pero, ¿cómo evaluar sus viajes a la luz del conocimiento disponible en esa época? En este artículo repasamos qué sabían realmente los medievales sobre la forma y el tamaño de la Tierra, qué teorías circulaban y a qué fuentes podía acudir Colón.

Así veía el mundo la antigua Grecia

Para entender el pensamiento medieval hay que retroceder a la Grecia clásica. Allí el conocimiento del planeta era limitado, pero los escritos de filósofos y geógrafos revelan una visión sorprendentemente avanzada. No se trata de negar que otras civilizaciones también poseían saberes similares; simplemente los textos griegos fueron los que más se copiaron durante siglos, sobre todo por los romanos.

Lo que sí se conocía bien era la forma del mar Mediterráneo, alrededor del cual se desarrollaron las grandes civilizaciones. Ya en el siglo IX a.C. los fenicios habían navegado hasta el estrecho de Gibraltar, aunque no dejaron registro escrito. Para los griegos ese paso marcaba el "fin del mundo": los «Pilares de Hércules» (el Peñón de Gibraltar y el Monte Huyar en África) cerraban el límite occidental. De ahí surgió el lema latino Non Plus Ultra ("Nada más allá"), que permaneció hasta que el descubrimiento de América lo sustituyó por Plus Ultra ("Más allá").

El Atlántico más allá de los pilares permanecía desconocido y poco relevante para los griegos, cuyo interés se centraba en el Mediterráneo y Asia. Sin embargo, ya en el siglo IV a.C. el geógrafo Pytheas aventuró el viaje a Britania, Escandinavia y la mítica isla de Túl, cuya ubicación exacta sigue sin estar clara. Estas exploraciones ampliaron gradualmente la visión del globo y, lo más importante, confirmaron que la Tierra no era plana.

Conocimientos antiguos sobre la forma del planeta

Contrario a la creencia popular, la idea de una Tierra esférica no era novedosa en el siglo XV. Ya Pitágoras, en el siglo VI a.C., insinuó que nuestro planeta era una esfera. Aristóteles, dos siglos después, defendió la hipótesis con argumentos observacionales. En el siglo III a.C., Eratóstenes midió la circunferencia terrestre con una precisión notable: estimó 41.750 km, muy cercana a los 40.075 km actuales.

Ese cálculo, sin embargo, no siempre estuvo disponible. En el siglo I a.C. Poseidónio volvió a estimar la circunferencia, obteniendo cerca de 35.000 km, y Claudio Ptolomeo adoptó esa cifra en su obra Geographia. Esa medida errónea se mantuvo durante la mayor parte de la Edad Media y pudo haber influido en la percepción de Colón sobre la distancia a Asia.

Los mapas medievales

Los geógrafos griegos también elaboraron mapas que, aunque rudimentarios, reflejaban la lógica de sus conocimientos. Los cartógrafos medievales heredaron en gran parte la visión de Ptolomeo; las formas de continentes como Gran Bretaña o Escandinavia apenas cambiaron hasta la era de los descubrimientos. Las cartas eran, en esencia, una actualización lenta de la tradición clásica.

Colón probablemente utilizó una versión de la cartografía de Henricus Martellus (1490), que se basaba en Ptolomeo. Con ese mapa, creyó que la ruta occidental a las Indias era mucho más corta de lo que realmente era, pues partía de la subestimada circunferencia terrestre. Cuando llegó al Caribe, pensó que había alcanzado alguna zona de Asia Oriental, quizá cerca de Japón, y no la India como tal.

En resumen, la concepción del globo, su forma y dimensiones, había sido estudiada exhaustivamente por los griegos y transmitida a la Europa medieval. Lo que faltó a Colón no fue la creencia en una Tierra esférica, sino la precisión de los cálculos heredados.

En el podcast de esta semana analizo con detalle los verdaderos motivos de Cristóbal Colón y por qué, más allá de la visión aventurera, también pudo haber sido impulsado por fervor religioso. ¡Escúchalo! Y si te interesa seguir descubriendo la historia, suscríbete al boletín Déjà Vu Story, donde recibirás relatos, podcasts, ofertas de libros y mucho más directamente en tu correo.