Historia de Europa

Cómo la Compañía de las Indias Orientales conquistó los mares, el comercio y a toda Inglaterra

Cómo la Compañía de las Indias Orientales conquistó los mares, el comercio y a toda Inglaterra

Inglaterra es una isla. No es novedad. El mar está omnipresente allí y, como era de esperarse, los ingleses comenzaron a aprovecharlo desde temprano. ¿Existe una línea directa desde la geografía británica, pasando por el transporte mercante, la Compañía de las Indias Orientales hasta el Imperio británico? No, no es tan sencillo. Durante mucho tiempo, Inglaterra no se consideró una nación marítima. El comercio apenas se extendía más allá del Canal de la Mancha, hacia Francia o Flandes, y el país tampoco contaba con una gran armada. Después de todo, Inglaterra, con sus posesiones continentales, era también una potencia terrestre europea.

El giro hacia el mar llegó mucho después y no estuvo exento de controversia dentro de Inglaterra. Sin embargo, ese cambio produjo rápidamente sus primeras consecuencias, que aún caracterizan al país. En pocas décadas, el comercio y la milicia se volvieron marítimos, y la economía inglesa se transformó por completo. En el centro de esa revolución estuvo la Compañía de las Indias Orientales inglesa, y más tarde británica, la empresa privada más grande del mundo.

El camino de la Compañía de las Indias Orientales al colonialismo

Durante mucho tiempo Inglaterra no fue una nación marítima, sino una víctima de pueblos más navegantes. La Era Vikinga ilustra cuán devastadores pueden ser los ataques desde el mar. No fue hasta mucho después que la isla empezó a replantearse su posición. Dos factores fueron decisivos: por un lado, los estados europeos del siglo XV mostraron cómo una armada poderosa podía operar a largas distancias; en el Mediterráneo ciudades como Venecia y Génova lo sabían desde hace siglos, pero sólo con el ascenso de España y Portugal surgieron grandes potencias atlánticas. Por otro, las condiciones internas de Inglaterra cambiaron radicalmente en el siglo XV: la Guerra de los Cien Años terminó, y la mayor parte de los territorios continentales se perdió frente a Francia, convirtiendo al reino en una verdadera isla.

Fue Enrique VIII quien formalizó la marina inglesa a principios del siglo XVI. En unas pocas décadas la flota demostró su valía, culminando con la derrota de la Armada española en 1588, gracias también a la suerte y al viento favorable. En ese momento, la reina Isabel I comprendió que una marina fuerte debía ser esencial para la defensa del país. Pero las ambiciones no tardaron en superar la mera autodefensa. En 1600 Isabel I firmó una carta que fundó una organización que dominaría el destino inglés durante los siguientes dos siglos: la Compañía de las Indias Orientales.

Todo comenzó de forma poco espectacular. Inicialmente, la reina concedió a la nueva compañía un monopolio de quince años sobre el comercio inglés al este del Cabo de Buena Esperanza. En aquel momento ese privilegio valía poco, pues Portugal y los Países Bajos dominaban la zona. Sin embargo, la compañía logró un golpe importante: obtuvo del Gran Mogol el derecho a establecer puestos comerciales en la India. El monopolio, originalmente limitado, se prorrogó indefinidamente y se abrió el camino a un futuro próspero.

Cuando una empresa comercial se convierte en un Estado

El comercio inglés de larga distancia se enfrentaba a un serio problema: los competidores portugueses, franceses y holandeses. La solución más directa fue crear una fuerza militar propia. En la década de 1660 el rey Carlos II otorgó a la compañía ese derecho, e incluso más: la posibilidad de reclutar sus propias tropas, acuñar moneda, declarar guerras y ejercer jurisdicción en sus áreas de influencia. De este modo, la Compañía de las Indias Orientales pasó a ser, de facto, un Estado dentro de la India.

Cuando el Imperio mogol comenzó a colapsar, la compañía aprovechó la oportunidad y tomó el control político de vastas regiones del subcontinente. Con el tiempo, sus actividades crecieron tanto que, en el siglo XVIII, sus accionistas manejaban importantes palancas políticas tanto en la India como en la metrópoli. Los llamados "nababs", ingleses enriquecidos en la India, regresaban a Gran Bretaña, compraban grandes extensiones de tierra en distritos electorales escasamente poblados y aseguraban escaños en el Parlamento mediante los famosos "boroughs rotos".

Así, la Compañía y el Estado británico entraron en un círculo vicioso: la empresa, actuando como Estado en la India, generaba enormes ingresos que beneficiaban a sus accionistas y a la Corona. Los nobles del Parlamento y los nababs defendían sus intereses, dificultando la aprobación de leyes anti‑Compañía. El sistema se autoreforzaba hasta que la burbuja estalló.

Demasiado grande para fallar

En origen la Compañía era una entidad mercantil cuyo objetivo era generar beneficios para sus accionistas. Con el tiempo, sin embargo, adquirió ejército, administración y sistema judicial propios. La población india, lejos de beneficiarse, sufrió la imposición de una estructura colonial. A principios de la década de 1770 la empresa se encontró al borde de la bancarrota: los gastos militares eran desmesurados y la demanda fluctuaba. Como ocurre con las grandes corporaciones actuales, solicitó un rescate al gobierno británico.

Parlament Londres, en lugar de un simple préstamo, concedió a la compañía nuevos privilegios para volver a hacer su negocio rentable. Además, le otorgó el derecho exclusivo de organizar el comercio del té en las colonias norteamericanas, con el objetivo de abaratar el precio del té. Esa medida provocó la famosa Boston Tea Party y la pérdida de la primera colonia americana. A partir de 1773, la Ley de Regulación transfirió muchos de los derechos de la compañía a la Corona, y durante las décadas siguientes su influencia política decayó. En 1858 el Estado británico asumió directamente los territorios indios, convirtiéndolos en una colonia de hecho.

Puede profundizar en la historia de Inglaterra en mi nuevo libro, donde resumo todo lo relacionado con "el Brexit como destino final". Este artículo forma parte del desfile de blogs "Europa y el Mar" del Museo Histórico Alemán. El DHM organiza eventos colaborativos muy interesantes; el año pasado participé con un texto sobre la Revolución Gloriosa. Si está en Berlín, le invito a visitar el blog.