Bitcoin y el resto de las criptomonedas se presentan como la revolución que romperá el poder de los bancos centrales y eliminará la necesidad de regulación estatal. Esa narrativa, muy popular entre sus defensores, sugiere que cualquier persona puede crear su propia moneda y competir a nivel internacional, desde Bitcoin y Ethereum hasta Dogecoin, Potcoin o incluso monedas satíricas como Trumpcoin y Putincoin.
Aunque parezca una novedad, la idea de que varios emisores circulen sus propias monedas sin supervisión gubernamental ya tiene precedentes históricos. En los siglos XVIII y XIX existió el free banking, un sistema en el que los bancos operaban sin regulaciones especiales y podían emitir su propio papel moneda. Uno de los casos más citados es el de Escocia.
Free banking, ¿el Bitcoin de la época moderna?
Los cripto‑entusiastas critican la influencia de los gobiernos y los bancos centrales y buscan una forma de descentralizar los pagos. Sin embargo, los bancos tradicionales siempre han sido uno de los sectores más regulados. Hace unos siglos, la revolución vino de la mano de los propios bancos, bajo el nombre de free banking.
En este modelo, los bancos se comportaban como cualquier otra empresa: no estaban sujetos a normas estatales especiales y podían emitir su propia moneda. El mercado decidía cuál de esas monedas era aceptada y cuál desaparecía. Los que mantenían reservas de una moneda fallida asumían la pérdida. Aunque parezca radical, el free banking funcionó durante más de un siglo en Escocia.
El sistema de monedas descentralizado de Escocia
Desde 1716 hasta 1844 (con interrupciones), los bancos escoceses operaron sin una regulación unificada. Tres instituciones – el British Linen Bank (ya desaparecido), el Bank of Scotland y el Royal Bank of Scotland – emitían sus propias notas bajo la autorización del gobierno escocés y con responsabilidad limitada. Otros bancos también participaban, aunque sus accionistas asumían responsabilidad ilimitada.
En la práctica, coexistían varios bancos centrales y varias monedas dentro del mismo país. Cada entidad guardaba reservas de oro y aceptaba las notas de sus competidores, lo que facilitaba la liquidez y la confianza del público. Durante ese período, la tasa de quiebras bancarias fue muy baja, lo que llevó a muchos investigadores a considerar el sistema como exitoso.
Sin embargo, la escasa cantidad de quiebras no garantiza estabilidad. La competencia sana suele provocar fracasos que “limpian” el mercado. La aparente solidez de los bancos escoceses del siglo XVIII‑XIX no es más alentadora que la estabilidad actual de Bitcoin, Ethereum o Dogecoin, que siguen existiendo pero no son inversiones seguras para la mayoría.
¿Realmente era tan libre?
El free banking escocés también tuvo sus problemas. Los bancos respaldaban sus notas con reservas de oro, pero la cobertura nunca fue total. Durante la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, los depositantes exigieron la conversión a oro y los bancos escoceses se negaron, lo cual era ilegal. Desde 1800 hasta 1821, los titulares de notas escocesas no pudieron cambiarlas por oro, vulnerando la premisa misma del sistema.
Modelos similares aparecieron en EE. UU., Canadá, Suecia, Suiza y otros lugares. Ninguno alcanzó una libertad absoluta; siempre hubo algún tipo de supervisión o dependencia de una autoridad monetaria central. A finales del siglo XIX o principios del XX, todos esos países adoptaron un banco central único, buscando mayor estabilidad y una fuente de dinero más controlada.
¿Dónde encajan las criptomonedas?
Con la irrupción de Bitcoin y sus derivados, los bancos centrales vuelven a enfrentar competencia. Al igual que el free banking, las criptomonedas buscan descentralizar la emisión y el intercambio de valor. No obstante, la experiencia histórica ofrece señales mixtas: algunos consideran el free banking escocés un caso de éxito, mientras que otros señalan que todos esos sistemas colapsaron al no poder garantizar la cobertura de sus notas.
En la era digital, la ausencia de un emisor responsable dificulta que una criptomoneda mantenga una oferta estable y una confianza sostenida. Además, los estados siguen sin estar dispuestos a renunciar al control que les brinda un banco central.
En resumen, la historia del free banking nos muestra tanto posibilidades como limitaciones para un modelo financiero sin autoridad central. Solo el tiempo dirá si Bitcoin y sus compañeros lograrán superar esos retos y convertirse en verdaderas monedas de uso cotidiano.
Para profundizar en estas ideas, escucha mi próximo podcast. ¡Hasta la próxima!