Historia de Europa

El reinado de Eurico

Eurico (466‑484) accedió al trono de Tolosa tras asesinar a su hermano Teodorico II. Desde la perspectiva hispánica, su mandato es importante porque impulsó una considerable expansión territorial en la Península Ibérica y marcó el inicio de los asentamientos visigodos en ella.

Su ascenso coincidió con la operación naval contra los vándalos planificada por el nuevo emperador Antemio (467‑482). Si la campaña hubiera tenido éxito, la reactivación imperial habría puesto en peligro las recientes posesiones en la Narbonense y la Provenza; por ello Eurico mantuvo una postura cautelosa y negoció tanto con los suevos, los propios vándalos como con Constantinopla. Al fracasar la empresa africana, el rey quedó libre para emprender una gran expansión de los territorios bajo su dominio al norte y al sur de los Pirineos. En la Galia, el dominio visigodo se extendió desde el Loira hasta el Mediterráneo, con la excepción de la Auvernia, defendida firmemente por la aristocracia gala‑romana. En la Península Ibérica, los objetivos se centraron en la Tarraconense y en contener al reino suevo del noroeste, limitando su avance meridional.

El reinado de Eurico

Política visigoda

La política visigoda hacia los suevos cambió con la llegada de Remismundo, quien, al igual que Agiulfo antes que él, se alejó de sus protectores y empezó a acercarse a Rávena y a la aristocracia hispano‑romana, desilusionada por la ineficacia imperial y dispuesta a un modus vivendi con los colonos bárbaros. Un claro indicio de este acercamiento fue la ocupación de Lisboa en 408, facilitada por el favor de la élite local, aunque el control resultó efímero. Eurico respondió consolidando las áreas ya bajo dominio visigodo y lanzando campañas en Lusitania para frenar la expansión sueva.

Un ejemplo de política de consolidación fue la atención prioritaria a Mérida: se reforzaron sus defensas y se incentivó la inmigración aristocrática para hacer visible el control visigodo. Las intervenciones militares contra los suevos no fueron a gran escala; se limitaron a confinar al enemigo al oeste de una línea hipotética que cruzaba desde el norte del Duero medio hasta el sur del bajo Tajo. La efectividad de esta estrategia se refleja en la permanencia de esa división territorial hasta mediados del siglo VI.

Ocupación de la Tarraconense

La provincia hispánica de Tarraconense, a diferencia de otras diócesis, había mantenido una presencia imperial más bien tenue. La última fase de la crisis política romana, anunciada por la muerte de Ricimero y la proclamación controvertida de Olibrio en 472, dejó a la región indefensa y vulnerable a una potencia que ya se había extendido al otro lado de los Pirineos, incorporando toda la Provenza. En 472 y 473, dos columnas visigodas penetraron la provincia romana por los Pirineos centro‑orientales y por la costa, ocupando el interior del valle del Ebro y las ciudades costeras. Encontraron resistencia de sectores de la aristocracia hispano‑romana, pero también recibieron apoyo, como el del dux Vicente, el único oficial militar que quedaba en la península.

Código de Eurico

El impulso de expandir territorialmente el regnum tolosanum fue acompañado por una política de cohesión interna que se reforzó en los reinados posteriores y más allá de 507. La codificación emprendida por el monarca, conocida como el Código de Eurico, tradicionalmente se ha considerado legislación dirigida exclusivamente a los visigodos. Sin embargo, podría interpretarse como un reconocimiento legal de las rápidas transformaciones interétnicas que se produjeron desde 418, abarcando tanto a góticos como a romanos.


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