Diego Rodríguez de Silva y Velázquez nació en Sevilla en 1599 y fue bautizado el 6 de junio de ese mismo año. Era hijo de Juan Rodríguez de Silva, de origen lusitano, y de Jerónima Velázquez, perteneciente a una familia noble sevillana.
Formación
Desde muy joven mostró un gran talento para el dibujo, lo que llamó la atención de sus familiares. Primero ingresó en el taller de Francisco de Herrera, pero la dureza del maestro lo llevó a trasladarse al taller de Francisco Pacheco en 1610. Pacheco, aunque no era un pintor sobresaliente, era un excelente docente y reconoció rápidamente el talento de su alumno. En 1617 Velázquez obtuvo el título de maestro tras presentar ejercicios ante Pacheco y Juan de Uceda. Un año después se casó con Juana Pacheco, hija del maestro.
Llegada a la corte
En 1622 regresó a Sevilla y, al año siguiente, se trasladó a Madrid con cartas de recomendación de Don Gaspar de Guzmán, conde‑duque de Olivares, favorito del rey Felipe IV. El conde le encargó pintar un retrato del monarca; el resultado impresionó tanto al rey que Velázquez fue nombrado pintor de cámara y se instaló en el Palacio Real, donde realizó retratos de la familia real, de Olivares y de la nobleza.
Velázquez en Italia
En 1629, a instancias de Rubens, Velázquez viajó a Italia. Visitó Verona, Venecia, Ferrara, Bolonia, Loreto, Roma y Nápoles. Durante el periplo realizó pocos trabajos, entre ellos los retratos de José de Austria y la obra mitológica El taller del escultor Vulcano.
Regreso a la corte
El rey lo llamó de urgencia y Velázquez volvió a Madrid, donde empezó una fase de gran productividad. Pintó obras religiosas como Cristo después de la flagelación, El Cristo crucificado y San Tomás de Aquino consolado por ángeles. También realizó la decoración del Salón de los Reinos en el Buen Retiro, destacando La rendición de Breda y varios retratos ecuestres de Felipe IV y del príncipe Baltasar Carlos.
Velázquez, favorito de la corte
En 1634 su única hija se casó con su discípulo Juan Bautista del Mazo, quien sucedió a Velázquez como pintor de cámara. A pesar de la caída de Olivares en 1643, el pintor siguió gozando del gran aprecio del rey y de la aristocracia, quienes lo describían como un hombre discreto, honesto y de gran dignidad.
Viajes en busca de obras
En 1644 acompañó a Felipe IV a la campaña de Aragón y, años después, recibió la orden de viajar a Italia para adquirir obras maestras para el rey. Llegó a Roma en 1649 acompañado de su criado y pintor Juan de Pareja.
Retrato del Papa Inocencio X
Durante su estancia en Roma pintó varios retratos, entre ellos el célebre Retrato del Papa Inocencio X, considerado una de las obras más extraordinarias de la pintura universal. También realizó retratos de Olimpia Maidalchini y de varios cardenales.
Llamada de Felipe IV
Felipe IV le envió numerosas cartas urgentes, demostrando que el monarca valoraba enormemente su talento y lo consideraba indispensable para la imagen de la corona.
Evolución artística
A su regreso, Velázquez perfeccionó su técnica: los trazos se volvieron más sueltos, la luz pasó a ser el elemento estructurante de sus obras y la precisión lineal dio paso a la atmósfera pictórica. Este cambio se aprecia en sus últimos cuadros, donde la pincelada libre captura la esencia de la luz y la materia.
Grandes obras de los últimos años
Entre los trabajos más emblemáticos destacan La Venus del espejo, una de las pocas desnudos clásicos en la pintura española; Las Hilanderas, inspirada en la mitología de Palas y Aracne; y, por supuesto, Las Meninas, obra maestra que muestra al propio Velázquez en acción frente al espejo que refleja al rey y a la reina.
La Venus del espejo
Se conserva en la National Gallery de Londres y se cree que el modelo fue la actriz Damiana, famosa en la corte sevillana.
Las Hilanderas
Representa una escena en el taller de tapices de Santa Isabel en Madrid; Ortega y Gasset la interpreta como una alegoría de la vida y el destino.
Las Meninas
El cuadro muestra a la infanta Margarita rodeada de sus damas de honor, en un espacio donde el pintor, el espejo y la mirada del espectador se entrelazan, creando una compleja reflexión sobre la realidad y la representación.
Muerte
En 1660, tras acompañar al rey en su viaje a Irun para entregar a la infanta María Teresa a Luis XIV, Velázquez sufrió una fuerte crisis de salud. El 6 de agosto de ese año falleció en Madrid, tras recibir los últimos sacramentos. Fue sepultado en la parroquia de San Juan Bautista.