Historia de Europa

El Consulado de Napoleón Bonaparte (1799‑1804)

El Consulado de Napoleón Bonaparte (1799‑1804)El golpe del 18 de Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799) marcó el fin del Directorio y el inicio del Consulado. Napoleón Bonaparte, nombrado Primer Cónsul, concentró la mayor parte del poder. Se consolidaron los logros de la Revolución (abolición de los señoríos, garantía de la propiedad nacional) y se adoptó una política de conciliación (cierre de la lista de emigrados, solución del conflicto con la Iglesia mediante el Concordato de 1801). Además, Francia obtuvo un marco jurídico (Código Civil), administrativo (prefectos) y económico (Banco de Francia). El Consulado dio paso al Primer Imperio en 1804.

El golpe de 18 de Brumario

En 1799 el Directorio estaba al borde del colapso, amenazado por los monárquicos a la derecha y por los jacobinos a la izquierda, y apenas se sostenía gracias a una serie de golpes de Estado. El director Sieyès propuso revisar la Constitución del año III, pero la propia carta requería nueve años entre la solicitud y la reforma, lo que lo llevó a planear un golpe parlamentario.

El plan se ejecutó a través de Talleyrand, Roederer, el comisario del Directorio en la Seine, Réal, el ministro de Policía Fouché y varios miembros del Consejo de los Ancianos y del Consejo de los Quinientos, conocidos como "los brumarianos". Sieyès buscaba crear un vacío ejecutivo que provocara la caída de la legislatura y la creación de una comisión para redactar una nueva constitución.

El Consulado de Napoleón Bonaparte (1799‑1804)El esquema previsto era el siguiente: Bonaparte obtendría el mando supremo del ejército para mantener el orden en París y en las asambleas. El 18 de Brumario, el Consejo de los Ancianos, bajo el pretexto de los peligros jacobinos, votó trasladar ambas asambleas al Château de Saint‑Cloud, impidiendo la intervención popular.

Para generar el vacío ejecutivo, Sieyès y Ducos presentaron sus dimisiones. El 19 de Brumario, en Saint‑Cloud, los brumarianos imaginaron la renuncia colectiva de los cinco directores, pero la idea no fue unánime. Impaciente, Bonaparte intervino con un discurso torpe ante el Consejo de los Quinientos, que lo acusó de intentar instaurar una dictadura y lo obligó a abandonar la sesión. Su hermano Lucien, presidente del mismo consejo, salió del recinto, denunció un supuesto intento de asesinato contra Bonaparte y, alegando que algunos diputados querían apuñalarlo, justificó la intervención del ejército.

La intervención militar salvó a los conspiradores y transformó el golpe, inicialmente parlamentario, en uno militar cuyo principal beneficiario fue Bonaparte. Esa misma noche, unos pocos diputados formaron un triunvirato provisional compuesto por Bonaparte, Sieyès y Ducos.

Constitución del año VIII y establecimiento del Consulado

El Consulado, surgido del golpe del 18 de Brumario, instauró un régimen autoritario encabezado por tres cónsules, aunque solo el Primer Cónsul, Bonaparte, ejercía el poder real. Formalmente la Constitución respetaba principios revolucionarios: sufragio universal, poder ejecutivo colegiado y tres cónsules nombrados por diez años por el Senado. Sin embargo, el Primer Cónsul iniciaba leyes, nombraba ministros y decidía sobre paz o guerra; los otros dos cónsules tenían funciones meramente consultivas.

El poder legislativo recaía en cuatro órganos. Los Consejeros de Estado (40) redactaban proyectos de ley, que eran debatidos por el Tribunado (100 miembros). Luego los proyectos pasaban al Cuerpo Legislativo (300 miembros), que los aprobaba o rechazaba. El Senado actuaba como guardián de la Constitución.

Bonaparte como Primer Cónsul: restaurar la paz

Desde el inicio, Bonaparte buscó reconciliar a las facciones y acabar con las divisiones surgidas tras la Revolución. El 24 de noviembre firmó un armisticio con el jefe chouan de Andigné, logrando relativa calma en el oeste. El 28 de diciembre de 1799 invitó al clero a regresar a Francia y les concedió libertad de culto. Abolió la ley de los "rehénes", cerró la lista de emigrados voluntarios, detuvo la venta de bienes nacionales y, en 1802, concedió una amnistía general a los emigrados, sentando las bases de la paz civil.

El Consulado de Napoleón Bonaparte (1799‑1804)En el extranjero, Bonaparte puso fin a la guerra con las monarquías europeas. Sus victorias en Marengo y Hohenlinden desmantelaron la Segunda Coalición. El 9 de febrero de 1801 firmó la Paz de Lunéville con Austria, que perdió sus derechos sobre el norte y centro de Italia, y en marzo de 1802 se alcanzó la paz con Inglaterra mediante el Tratado de Amiens.

El Concordato de 1801: un marco religioso

La paz civil necesitaba paz religiosa. Bonaparte negoció con el nuevo Papa Pío VII la reorganización de la Iglesia. Tras arduas negociaciones, el 14 de julio el Papa reconoció la venta de los bienes nacionales, aceptó la renuncia de todos los obispos y proclamó al catolicismo como "religión de la mayoría de los franceses".

El Primer Cónsul nombró a los obispos, quienes debían jurar lealtad a él, mientras el Papa les otorgaba la investidura canónica. Los párrocos eran designados por los obispos con el consentimiento del gobierno. Así, el clero pasó a ser funcionario del Estado, recibiendo salario y prestando juramento.

Con este Concordato, Bonaparte rompió la alianza entre la Iglesia y la monarquía, obligando al Papa a reconocer que el catolicismo ya no era la religión oficial de Francia, mientras que el pontífice obtuvo reconocimiento de su autoridad espiritual sobre la Iglesia francesa.

Fortalecimiento de la autoridad del Estado

Para restaurar las finanzas públicas, Bonaparte emprendió una reforma fiscal. El Consulado heredó cuatro impuestos directos del Directorio: impuesto a la propiedad, impuesto a la riqueza personal, patente comercial y impuesto de puertas y ventanas. Desde 1802 el presupuesto quedó equilibrado. En 1800 se creó el Banco de Francia, que adelantaba fondos al Estado a la espera de la recaudación tributaria, reforzando su crédito. En 1803 obtuvo el monopolio de la emisión de billetes.

La ley del 17 de febrero de 1800 reformó la administración local, creando los prefectos, encargados de la gestión departamental y nombrados (y revocables) por el gobierno. Mantuvo los departamentos revolucionarios pero rediseñó sus subdivisiones, convirtiendo los distritos en cantones y definiendo la organización municipal.

La justicia se volvió más autoritaria. Los jueces fueron elegidos por los ciudadanos, pero en marzo de 1800 se estableció que la mayor parte de la judicatura quedaría en manos de magistrados profesionales, en principio irremovibles; solo los jueces de paz permanecieron electos.

Camino al Imperio

El Consulado de Napoleón Bonaparte (1799‑1804)La Constitución del año VIII concedía a Bonaparte un mandato de diez años. En 1802, tras eliminar la oposición interna y externa, el Senado amplió sus atribuciones, proponiendo primero un mandato de diez años para el consulado y luego la consagración del cargo vitalicio. Bonaparte consultó al pueblo mediante plebiscitos para validar su continuidad como Cónsul vitalicio.

La Constitución del año X redujo el Tribunado de 100 a 50 miembros, limitando la representación legislativa y aumentando el poder del Senado. En febrero de 1800 Bonaparte se instaló en el Palacio de las Tullerías, consolidando su imagen al estilo de los reyes de la monarquía anterior.

A pesar de la oposición republicana y realista, la mayoría de la población respaldó a Bonaparte. No cuestionó los logros de la Revolución, tranquilizó a campesinos, católicos y burgueses, y reforzó el orden público con el Código Civil de 1804. Desde 1802 formó una nueva élite vinculada al régimen, educada en liceos y premiada con la Orden de la Legión de Honor.

En mayo de 1804 el Senado adoptó una nueva Constitución que proclamó el Imperio. El 6 de noviembre de 1804, mediante plebiscito, los franceses aprobaron la transformación del Consulado en Imperio con 3 572 319 votos a favor y 2 519 en contra.

Bibliografía

Bonaparte's Consulate: The Making of the Contemporary State, de Marc Belissa y Yannick Bosc. The Factory, 2021.

The Great Consulate 1799‑1804, de Thierry Lentz. Fayard, 1999.

The Directory and the Consulate, de Jean Tulard. PUF, 1992.

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