En Francia, los Estados Generales eran una asamblea que el rey convocaba, desde la Edad Media, para resolver crisis políticas o financieras. Tras más de 170 años sin reunión (la última había sido en 1614), el rey Luis XVI los convocó en 1789 para intentar solucionar la grave crisis fiscal del reino. La sesión inaugural tuvo lugar el 5 de mayo; sin embargo, cada orden (clero, nobleza y Tercer Estado) se reunió por separado y no se había decidido si el voto sería por orden o por cabeza. El 17 de junio, el Tercer Estado se autoproclamó Asamblea Nacional Constituyente, poniendo fin a la monarquía absoluta.
Los Estados Generales bajo el Antiguo Régimen
En el Antiguo Régimen francés, los Estados Generales eran asambleas nacionales organizadas por órdenes y por provincias. A diferencia del parlamento inglés, su convocatoria dependía exclusivamente de la iniciativa real, por lo que no tenían periodicidad fija y sólo se reunían en momentos críticos.
Desde 1302, cuando Felipe el Bello los reunió para obtener apoyo contra el Papa Bonifacio VIII, se celebraron veintiocho sesiones, la última en 1614 bajo la regencia de María de Medici. Entre las más relevantes destacan las de 1356‑1357, que negociaron impuestos extraordinarios a cambio de mayor control del poder, y la de 1484, que concedió la regencia a Ana de Borgoña tras la muerte de Luis XI.
Convocatoria de los Estados Generales de 1789
En 1788 la imposibilidad del monarca de sanar las finanzas obligó a considerar la reunión de los Estados Generales como única salida. En julio, el Parlamento rechazó una “subvención territorial” que habría gravado a los privilegiados, y afirmó que sólo una asamblea nacional podría aprobar un impuesto permanente. El ministro Brienne, ante la agudización de la crisis, decretó el 8 de agosto de 1788 la convocatoria para el 1 de mayo de 1789.
Los diferentes órdenes y el Tercer Estado
Los órdenes privilegiados (nobleza y clero) veían la convocatoria como una oportunidad para consolidar sus prerrogativas. La nobleza, con 270 diputados, buscaba preservar sus derechos tradicionales; el clero, con 291 diputados, defendía la continuidad de sus privilegios, especialmente la recaudación del diezmo.
El Tercer Estado contaba con 578 diputados, representando a la burguesía y al campesinado. La burguesía, urbana y vinculada al comercio y las finanzas, estaba influenciada por las ideas ilustradas y resentía la exclusión de cargos oficiales. El campesinado, agobiado por la carga fiscal y las malas cosechas, demandaba garantías de libertades individuales y el fin de los abusos de los intendentes y los “granjeros generales”.
Las elecciones se celebraron en enero de 1789; el sufragio estaba limitado a hombres mayores de 25 años que pagaran impuestos.
¿Voto por orden o por cabeza?
Al convocar los Estados Generales, el rey dejó dos cuestiones sin resolver: ¿la representación del Tercer Estado sería proporcional a su peso demográfico o igual que la del clero? ¿Se votaría por orden o por cabeza? Mantener el sistema de 1614 favorecía a los privilegiados; otorgar al Tercer Estado una representación equitativa y votar por cabeza le habría permitido imponer su voluntad.
El clero y la nobleza defendían el voto por orden para conservar la mayoría; el Tercer Estado exigía el voto por cabeza para lograr igualdad.
Apertura de los Estados Generales
La primera sesión, presidida por el propio Luis XVI, se celebró el 5 de mayo de 1789 en la Salle des Menus‑Plaisirs de Versalles. A la izquierda del rey estaban los nobles, a la derecha el clero, y frente a él los diputados del Tercer Estado, con tantos representantes como los dos órdenes combinados.
En un discurso sin contenido real, Luis XVI advirtió a los diputados contra cualquier innovación, proclamando que “conoce su autoridad y la mantendrá”. Además, impuso un estricto código de vestimenta para cada orden, reforzando la distinción entre ellos y apoyando el voto por orden.
Proclamación de la Asamblea Nacional
El 17 de junio, el Tercer Estado invitó a los diputados de los otros dos órdenes a unirse a él. Algunos nobles y clérigos liberales aceptaron, y el grupo se autodenominó “Asamblea Nacional”. Ante este acto revolucionario, Luis XVI ordenó el cierre de la Salle des États. Tres días después, el 20 de junio, los diputados se reunieron en una cancha de tenis en Versalles y juraron no separarse hasta redactar una constitución.
La Asamblea Nacional Constituyente funcionó hasta el 30 de septiembre de 1791, cuando dio paso a la Asamblea Legislativa bajo la Constitución de 1791, que estableció una monarquía constitucional. Durante la sesión real del 23 de junio de 1789, Bailly, decano del Tercer Estado, recibió la orden del rey de disolver la asamblea; Mirabeau respondió: “Estamos aquí por la voluntad del pueblo, no por la fuerza de los bayonetas”. El 24 de junio la mayoría del clero se unió al Tercer Estado, y el 27 el rey, sin alternativas, invitó a los rezagados a incorporarse.
Así, una revolución burguesa y pacífica puso fin a la monarquía absoluta, otorgó al nuevo cuerpo legislativo el control de las finanzas públicas y garantizó las libertades individuales del pueblo francés.