Historia de Europa

Archienemigos de Roma: Viriato

Introducción

Esta es la octava entrega de la serie Archienemigos de Roma, elaborada en colaboración con Gabriel Castelló. Presentamos a Viriato, el legendario líder lusitano que se convirtió en uno de los enemigos más temidos de la República romana durante siete años.

Orígenes y contexto

Los detalles exactos del nacimiento de Viriato son desconocidos. Algunas tradiciones le atribuyen origen en la zona de Mons Herminius (Serra da Estrela), otras lo sitúan en Torrefrades, y la hipótesis más aceptada lo ubica cerca de la antigua Ocelum Duri, una mansión que más tarde formaría parte de la Via de la Plata, en la actual provincia de Zamora.

Las primeras referencias clásicas provienen de Diodoro Sículo, que lo describe como un guerrero lusitano. Livio lo menciona como un pastor‑soldado, mientras que Apiano destaca su honor, valentía y justicia.

La masacre de los lusitanos

En el 150 a.C., el pretor romano Servio Sulpicio Galba invitó a una embajada lusitana a una supuesta reunión de paz. Cuando unos 30 000 lusitanos —hombres, mujeres y niños— se reunieron en tres campamentos, Galba les exigió entregar sus armas. Aprovechó la situación para ordenar un ataque masivo: 9 000 murieron y 20 000 fueron vendidos como esclavos en la Galia. Viriato, entonces joven, escapó y quedó marcado por la traición.

El ascenso de Viriato

Tras la masacre, se desató una guerra irregular de tres años. En 147 a.C., durante una emboscada contra las legiones del cónsul Cayo Vetulio, Viriato tomó el mando de la resistencia lusitana. Propuso a los clanes que, a cambio de reconocerlo como líder, él rompería el asedio romano. Utilizó su amplio conocimiento del terreno para emplear la guerrilla, evitando batallas campales y atacando en forma sorpresiva.

Su estrategia resultó eficaz: Vetulio murió en una escaramuza, confundido con un legionario. Viriato siguió hostigando a los romanos, derrotando a comandantes como Plaucio, Unimano y Nigidio. Apiano describe su táctica de dispersión y reagrupación:

«Ordenó a sus hombres que, una vez montado su caballo, se dispersaran por distintas rutas y esperaran su señal. Con mil guerreros de confianza combatía durante todo el día, atacando y retirándose gracias a sus caballos rápidos. Cuando estimaba que su ejército estaba a salvo, se retiraba, salvando a sus hombres de situaciones desesperadas».

Respuesta romana y tregua

En 140 a.C., el Senado envió al cónsul Fabio Máximo Serviliano con refuerzos, incluso elefantes. Viriato lo rodeó con tribus celtibéricas y, al verse acorralado, aceptó negociar. La paz reconoció a Viriato como Dux Lusitanorum y le concedió el título de «amigo de Roma», manteniendo sus armas y privilegios.

La traición y muerte

Al año siguiente, el pretor Quinto Servilio Cepio urdió un plan: ofreció una recompensa a tres emisarios lusitanos (Audax, Ditalco y Minuro) por la cabeza de Viriato. Los emisarios lo asesinaron mientras dormía. Cepio, al recibir la noticia, ordenó la ejecución inmediata de los traidores, proclamando: «Roma no paga a los traidores».

Legado y consecuencias

Según la leyenda, las cenizas de Viriato y su esposa fueron esparcidas en la zona de la Ciudad Encantada de Cuenca. Su sucesor, Tautalo, firmó la paz definitiva con el cónsul Marco Popilio, garantizando a los lusitanos la posesión de sus tierras.

El año siguiente a la muerte de Viriato, el cónsul Décimo Junio Bruto concedió a los veteranos romanos tierras en la zona de Edetania, fundando la colonia Valentia (actual Valencia) en la desembocadura del río Turius.