Historia de Europa

El Vaticano se sustenta en dos falsedades

Este artículo no es una crítica a la Iglesia ni al Papa, Dios no lo quiera, sino la verificación de un hecho histórico.

El traslado de la capital del Imperio

En el año 330 el emperador Constantino I el Grande trasladó la capital del Imperio Romano a Bizancio, rebautizada como Constantinopla. Tras la posterior división, esa ciudad se convirtió en la capital del Imperio Romano de Oriente.

Roma, la capital eterna del Imperio, quedó huérfana del poder terrenal, pero no del poder espiritual que asumía el obispo de Roma, Silvestre I. Esa autoproclamación y el reconocimiento de Roma como sede del papado debían basarse en argumentos “sólidos” que impidieran cualquier controversia.

El pasaje evangélico que legitima a Pedro

«Y cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». Respondieron: «Algunos dicen Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». Entonces él les dijo: «Y a ustedes, ¿qué dicen que soy yo?». Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás; porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella».

Ese pasaje designa a Pedro como el primer Papa. Silvestre I, de manera astuta, sitúa a Pedro en Roma para argumentar que la “capital” del cristianismo debía ser esa ciudad. No existe prueba documental de la estancia de Pedro en Roma, pero tampoco hay evidencia definitiva de que nunca estuvo allí, lo que deja el argumento en un terreno ambiguo.

La Donación de Constantino

Conscientes de que el argumento anterior era endeble, buscaron una base irrefutable y sacaron de la manga un documento:

Donación de Constantino: según este documento, el Papa Silvestre I fue reconocido como soberano; la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el resto del Imperio Romano Occidental le fueron donados.

El Vaticano se sustenta en dos falsedades

En 1440, el humanista Lorenzo Valla demostró que dicho documento era una falsificación total. Para entonces, el poder papal estaba tan consolidado que nadie se atrevía a cuestionarlo.

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