Introducción
Desde la Antigüedad, el espectáculo ha entretenido tanto como el deporte. Nos sentábamos en filas estrechas, mordisqueábamos bocadillos y esperábamos que un grupo de actores nos trasladara a mundos de tragedia y comedia, alejándonos de las preocupaciones cotidianas. Hoy llamamos a eso cine, aunque en su origen era teatro.
Orígenes del teatro romano
Junto con los Juegos Olímpicos, el teatro es uno de los pasatiempos públicos que ha sobrevivido casi intacto. Tras conquistar Grecia, Roma adoptó su legado cultural y consideró el teatro una forma natural de expresión cívica, un escape temporal de la rutina diaria. En sus inicios, las representaciones eran esporádicas, vinculadas a festividades o homenajes, y se realizaban en estructuras de madera desmontables que, aunque temporales, podían estar decoradas con columnas y estatuas.
Plauto y la revolución cómica
La escasa oferta teatral limitaba la aparición de nuevos autores y favorecía las traducciones latinas de obras griegas, perdiendo gran parte de su frescura. Fue entonces cuando Tito Maccio Plauto, veterano de las Guerras Púnicas, revitalizó el teatro romano con comedias totalmente romanizadas. Sus obras, sin la refinación griega, mostraban la vida cotidiana: esclavos, viejos sucios, mercaderes, marineros, prostitutas, soldados y jóvenes, todo con un tono escandaloso y humorístico. Algunas de sus piezas, como Asinaria o El soldado fanfarrón, todavía se representan en festivales como “Sagunt a Escena”.
El primer teatro de piedra: el Teatro de Pompeyo
En 55 a.C., Pompeyo el Grande erigió el primer teatro de piedra de Roma. Para sortear la ley senatorial que obligaba a derribar los recintos al terminar las funciones, construyó un templo a Venus Vítrix dentro del teatro. Este edificio de mármol fue testigo silente del asesinato de César el 15 de marzo de 44 a.C.
El modelo de Vitruvio
Con el fin de la guerra civil, el principado de Augusto impulsó la construcción de teatros siguiendo el modelo del ingeniero más prolífico de la época: Marco Vitrubio Polio. Según Vitruvio, tras diseñar la plaza del mercado, debía elegirse un buen sitio para el teatro, donde el público disfrutara de dramas en los festines de los dioses inmortales.
Estructura arquitectónica
- Escena (scenae frons): fachada de dos pisos con columnas y estatuas; delante de ella se encontraba el proscenio, el espacio más elevado del escenario.
- Orquesta (orchestra o platea): zona circular central reservada a la élite; allí se situaba el altar.
- Cavea: gradería dividida en secciones mediante corredores (aditus). Las filas estaban organizadas por clases sociales: ima cavea (aristocracia), media cavea (ciudadanos) y summa cavea (mujeres, esclavos y extranjeros). Un gran toldo operado con cuerdas y poleas podía proteger al público del sol.
- Vomitorios: pasillos de acceso a la cavea desde el exterior.
Capacidades y ejemplos
La dimensión de cada teatro dependía de la población y la importancia de la ciudad. Algunos ejemplos:
- Teatro de Clunia (Burgos): ~10 000 espectadores.
- Teatros de Caesaraugusta (Zaragoza), Cartago Nova (Cartagena) y Emerita Augusta (Mérida): ~6 000.
- Teatros de Itálica (Santiponce), Sagunto, Bilbilis, Segóbriga y Baelo Claudia: entre 2 500 y 3 000 asientos.
Al igual que el circo, sólo las ciudades o colonias de cierto tamaño podían costear la construcción de estos monumentos; poblaciones más pequeñas como Barcino o Ilerda carecían de teatro, anfiteatro o circos.
El papel de los actores y las máscaras
Los actores, en su mayoría hombres, interpretaban tanto papeles masculinos como femeninos y eran una de las profesiones menos respetadas. Gracias a la excelente acústica de los teatros—posiblemente mejorada por las proporciones de Vitruvio—sus voces llegaban a todos los rincones, aunque los gestos a veces resultaban difíciles de ver. De ahí la popularidad de las máscaras, símbolos eternos del teatro que representaban Dionisio (comedia) y Thanatos (tragedia), es decir, la alegría y la muerte, los dos extremos de la existencia.
Colaboración
Colaboración de Gabriel Castelló.