Historia de Europa

Lullubi, el "Vietnam" de los acadios

Introducción

El primer gran imperio de la humanidad fue el acadio, fundado por Sargón de Acad. Su nieto, Naram‑Sin, logró recuperar un territorio que se había perdido al inicio de su reinado por una guerra civil, y amplió las fronteras a costa de un gobierno que sumió al imperio en una profunda ruina económica, social y demográfica.

La estela de Naram‑Sin y los supuestos ovnis

Una de las piezas que perduran de su época es la Estela de Naram‑Sin, conservada en el Museo del Louvre. En los últimos años, algunos medios ufológicos la han presentado como evidencia de ovnis antiguos, alegando que el monarca observa dos naves en el cielo.

Lullubi, el  Vietnam  de los acadios

Sin embargo, la estela contiene dos textos cuneiformes que explican que el relieve celebra la victoria del rey acadio sobre los montañeses lullubis. Los “ovnis” no son más que representaciones de los dioses a los que se dedicó la campaña: el sol brillante de Shamash y, parcialmente destruido, el símbolo de Ishtar, diosa de la guerra y el amor.

Los lullubis y la campaña de cinco años

Los lullubis habitaban los actuales Montes Zagros, en la frontera entre Irán e Irak. Según la estela, la campaña duró cinco años, una cifra que resulta extraña si se compara con los rápidos logros de Naram‑Sin en otras regiones: conquista de Ebla y sus 17 ciudades, expansión desde Siria hasta Gaza y victoria sobre Elam en una sola batalla.

Lullubi, el  Vietnam  de los acadios

Los Zagros eran, en tiempos acadios, empinados y cubiertos de densos bosques de cedros y coníferas. Imagínese una armada acádica, con infantería en falange y arqueros compuestos, avanzando por un terreno desconocido, sin saber dónde estaban las ciudades ni los pasos seguros. Los soldados se enfrentaban a guerrilleros lullubis expertos en lanzar hachas y en emboscadas nocturnas. La campaña se volvió un desastre logístico y humano, muy parecido a lo que vivió Estados Unidos en Vietnam.

El tratado con Satuni

Al final, Naram‑Sin no asesinó a Satuni, rey lullubi, sino que firmó un tratado de amistad, algo inusual en una cultura que habitualmente celebraba la muerte de sus enemigos. Además, los acadios desconocían el nombre y la ubicación exacta de la capital lullubi, lo que hoy nos deja sin rastro arqueológico.

Lecciones y paralelismos

Esto nos enseña varias cosas:

  • Los enemigos pequeños pueden convertirse en un serio escollo, como los kurdos, supuestos descendientes de los lullubis.
  • Los fracasos pueden generar obras de arte memorables.
  • Hay que desconfiar de las propaganda de los monarcas absolutos, especialmente cuando exageran sus hazañas.
  • Incluso con “dos ovnis” de su lado, un imperio puede tener un mal día.

Contribución de Joshua BedwyR