Los inicios de la aviación militar
Ya a finales de la década de 1910, todas las grandes potencias europeas y Estados Unidos comenzaron a crear fuerzas aéreas. Aunque fueron los estadounidenses los primeros en integrar el avión a sus fuerzas armadas, fue Europa la que lideró la carrera.
Una vez que los altos mandos europeos decidieron, aunque con cierta reticencia, incorporar el avión a sus ejércitos, los avances se dieron de forma rápida y, en muchos casos, sin control institucional.
1912: el año decisivo
Entre octubre y diciembre de 1912, las fuerzas aéreas de Italia y Grecia fueron las primeras en emplear el avión en operaciones de combate, realizando misiones de reconocimiento y bombardeos ligeros. Con ello se reconoció el valor del avión como herramienta para observar los movimientos enemigos.
La Primera Guerra Mundial y la expansión de los aviones de reconocimiento
Cuando estalló la Gran Guerra dos años después, todas las naciones beligerantes contaban con aviones monoplaza de reconocimiento y también con aviones biplaza destinados a la cooperación militar, es decir, a señalar objetivos a la artillería. Estos aviones de reconocimiento fueron los predecesores de los futuros cazas.
Al inicio del conflicto, Alemania disponía de 258 aviones, Francia de 156 y Gran Bretaña de 63. Desde el primer día, las aún pequeñas fuerzas aéreas del frente occidental –y también del oriental– se lanzaron al combate.
Primeros problemas: fuego amigo y la necesidad de emblemas
Al principio los aviones no llevaban insignias distintivas, lo que provocó numerosos incidentes de fuego amigo. Fue necesario adoptar emblemas para que las unidades terrestes pudieran identificar a los aviones aliados.
Al mismo tiempo quedó clara la utilidad del avión como medio de reconocimiento, pero también la imposibilidad de los aviones aliados de impedir que los enemigos llevaran a cabo sus propias misiones de reconocimiento.
Falta de armamento y los primeros combates aéreos
Los primeros aviones de guerra no estaban armados. Sus pilotos y observadores llevaban pistolas o rifles personales. En esas condiciones, el 25 de agosto de 1914 se produjo la primera batalla aérea, que terminó con la captura de un avión alemán.
Esa mañana, tres BE‑2 británicos (reconocimiento de dos plazas) persiguieron a un avión alemán de dos plazas y lo obligaron a aterrizar en líneas británicas. Días después se realizaron los primeros bombardeos regulares en el frente occidental, cuando aviones británicos dispersaron una falange de caballería alemana usando granadas.
Sin embargo, la ausencia de armamento impidió que los aviones demostraran todo su potencial. Muchos aviadores, orgullosos de su misión, no podían aceptar la imposibilidad de interceptar los aviones de reconocimiento enemigos que señalaban objetivos a su artillería.
Pronto todo cambiaría: la era del cazador había comenzado.
Primeros pioneros del combate armado
El piloto ruso Alexander Kazakov derribó un avión de reconocimiento alemán usando… ¡un ancla!
En 1914 se documentaron enfrentamientos de reconocimiento entre fuerzas alemanas y japonesas en China.
El Fokker Eindecker se consolidó como el primer caza verdaderamente armado de la historia.