En el año 414 el rey visigodo Ataúlfo abandona la Galia, presionado por el magister militum Constantino, y cruza los Pirineos, marcando la primera incursión visigoda en Hispania. Tras combatir a vándalos, suevos, alanos e incluso bizantinos, los visigodos someten a la población local, los hispano‑romanos, y llegan a dominar la península ibérica.

¿Qué ocurría con los judíos en ese momento?
Mientras los visigodos profesaban la herejía arriana, los judíos asentados en la península disfrutaban de los mismos derechos que los hispano‑romanos cristianos. Sin embargo, la conversión de los godos al catolicismo, iniciada bajo el rey Recaredo, cambió la situación. En el III Concilio de Toledo (589) el monarca, la nobleza y el clero renunciaron al arrianismo y se unificaron bajo la fe católica, lo que desencadenó nuevas restricciones contra los judíos: se prohibió el matrimonio mixto, se les impidió ocupar cargos públicos y, según el rey, se aplicaron medidas de diversa dureza.
- En 616 el rey Sisebuto decretó la conversión forzada de los judíos o su expulsión del territorio godo.
- Su sucesor Suintila permitió el regreso de los judíos que habían emigrado a la Galia.
- Rescinto volvió a endurecer la política, afirmando que «el judaísmo contamina la tierra del reino».
- Wamba, su sucesor, suavizó nuevamente las medidas anti‑judías.
- Los reyes Ervigio y Egica reactivaron la persecución: Ervigio reinstauró la conversión obligatoria, lo que provocó una fuga masiva hacia el Norte de África; Egica acusó a los judíos de conspirar con los exiliados africanos y ordenó separar a los niños de sus padres para educarlos como cristianos.
Este vaivén de políticas explica, en parte, por qué muchos judíos vieron con benevolencia la llegada de los invasores musulmanes.
