Introducción
En la historia romana, el nombre que suele asociarse con la traición es el de Cayo Casio Longino, uno de los principales conspiradores en el asesinato de Julio César.

El contexto del triunvirato
El primer triunvirato, formado por Julio César, Pompeyo y Craso, marcó la expansión del Imperio. Pompeyo conquistó Hispania, África del Norte, Sicilia, Grecia y Siria, y tuvo una gran influencia en Egipto. César, por su parte, sometió la Galia, sentando las bases de los futuros estados de Inglaterra, Francia, los Países Bajos y la parte occidental de Alemania. Craso, aunque extremadamente rico, carecía de talento militar y quedó en la sombra de sus compañeros.
El fracaso de Craso y la rivalidad con Casio
Craso murió en la desastrosa campaña contra los partos en 53 a.C., junto a su hijo. Casio, proveniente de la clase ecuestre, había sido despreciado por muchos generales y, según la tradición, fue objeto de burlas por parte de Craso.

La caída del triunvirato y la ascensión de Casio
Con la muerte de Craso y la posterior muerte de César, el triunvirato se desintegró. Casio se alió con Pompeyo contra César, pero la derrota de Pompeyo en la batalla de Farsalia (48 a.C.) lo dejó a merced del vencedor. César, generoso, le concedió el cargo de pretor, pero la rivalidad entre ambos quedó latente.
La conspiración contra César
En el 44 a.C., Casio se unió a Bruto, Casio y otros senadores en la trama que culminó con el asesinato de César en el Teatro de Pompeyo. Creían que eliminar al dictador salvaría la República.
El destino final de Casio
El asesinato no tuvo el apoyo popular esperado. La mayoría de los ciudadanos romanos repudiaron a los asesinos, y Casio tuvo que huir a Siria, donde reunió un ejército para enfrentarse a los herederos de César, Octaviano y Marco Antonio. En la batalla de Filipos (42 a.C.) su fuerza fue derrotada. Tras la derrota, Casio se suicidó, poniendo fin a una de las carreras más controvertidas de la historia romana.
Así concluye la historia del hombre que, desde la sombra del poder, intentó cambiar el rumbo de Roma, pero que terminó como ejemplo de la traición que la historia recuerda.