
Introducción
El primer siglo de guerras civiles en Roma fue también una época de figuras extraordinarias. Al igual que en la era de los Tres Reinos en China o la época de guerras constantes en Japón, los conflictos internos suelen producir personajes memorables. En el escenario romano, mientras Octavio (más tarde Augusto) se erige como protagonista, Cicerón se presenta como su principal antagonista.
Un origen conservador
En el convulso siglo I a.C., la aristocracia romana se dividía entre los ricos "equites" como Craso y Pompeyo, y la nobleza tradicional representada por Julio César. Cicerón, por su parte, provenía de una familia noble pero sin gran fortuna, lo que lo convirtió en un conservador que defendía los valores republicanos.
Desde joven, mostró una ambición desmedida por engrandecer el nombre de su familia. Se dedicó al estudio del derecho y la oratoria, perfeccionando técnicas que, según la tradición, sentaron las bases de la persuasión judicial moderna.
Su formación se enriqueció al relacionarse con exiliados griegos que huían de la guerra de Mitrídates; viajó a Atenas, donde conoció a su amigo de por vida, Marco Tulio Cicerón Attico. Las cartas entre Cicerón y Attico, conservadas en el Imperio, son una fuente invaluable para comprender la política romana de la época.
El complot de Catilina

En el 63 a.C. se desencadenó la conspiración de Catilina, liderada por Lucio Sergio Catilina, que buscaba derrocar al gobierno mediante la violencia. Cicerón, entonces cónsul, denunció la trama en sus famosas Catilinarias, discursos que aún se estudian en los libros de historia europea.
Gracias a su intervención, la conspiración fue sofocada y Catilina fue ejecutado por el ejército romano. Cicerón recibió el título honorífico de "Padre de la Patria" y consolidó su influencia en el Senado.
Asesinato de César y muerte de Cicerón
Tras la muerte de César a manos de los conspiradores liderados por Bruto y Casio, Cicerón celebró el hecho, pues veía al dictador como una amenaza a la República. Sin embargo, su alegría le costó caro.
Octavio, el joven heredero de César, inició una sangrienta purga conocida como las proscriptiones. Cicerón figuró en la primera lista y, a diferencia de los asesinos de César, no encontró refugio. Fue capturado y ejecutado en el 43 a.C., su cabeza y manos exhibidas en el Foro como ejemplo.
Cicerón, filósofo y legado

Más allá de su papel político, Cicerón es recordado por sus obras de ética y filosofía. En De Officiis proclamó: "De todos los amores humanos, el más importante y el mayor placer es el amor a la patria… ningún ciudadano dudará en dar su vida por ella".
Sus ideas influyeron profundamente en pensadores posteriores como Maquiavelo y Hugo Grocio, considerado el padre del derecho internacional. Así, aunque la República cayó, el pensamiento ciceroniano sigue vivo, convirtiéndolo en una figura tan perdurable como César.