Enrique VIII de Inglaterra padeció diversas afecciones a lo largo de su vida, que contribuyeron a su deterioro físico y a su muerte.
Obesidad
Los registros indican que en sus últimos años llegó a pesar alrededor de 129 kg (285 lb). El exceso de peso provocó una gran presión sobre sus articulaciones y favoreció el desarrollo de otras enfermedades.
Enfermedad cardiovascular
Presentó episodios de dolor torácico, falta de aire y desmayos, síntomas compatibles con enfermedad de las arterias coronarias, que pueden culminar en un infarto.
Diabetes tipo 2
Se han identificado signos como sed extrema, micción frecuente y lenta cicatrización de heridas, lo que sugiere diabetes tipo 2, una condición poco comprendida en la época.
Gota
El rey sufrió ataques dolorosos de gota, especialmente en los pies y el dedo gordo, probablemente provocados por una dieta rica en carnes, alcohol y alimentos grasos.
Enfermedad renal
La combinación de obesidad, diabetes y gota deterioró su función renal. Se le observaron dificultades para orinar y se cree que padeció cálculos renales.
Úlceras en las piernas
En sus últimos años, Enrique sufrió úlceras crónicas en las piernas, heridas que no cicatrizaban, probablemente relacionadas con mala circulación y complicaciones diabéticas.
Lesiones craneales
En 1536, una caída de su caballo durante un torneo de justas le provocó una grave lesión en la cabeza, cuyas secuelas pudieron afectar su salud mental y física.
Es importante señalar que estos diagnósticos se basan en relatos históricos y en la descripción de síntomas, ya que en la época no existían técnicas diagnósticas modernas. La combinación de sobrepeso, hábitos alimenticios poco saludables y falta de ejercicio sin duda agravó sus múltiples problemas de salud.