Historia de Europa

Cuando Drácula se convirtió en el mayor aliado del Papa

Pío II convocó al Concilio de Mantua en 1459, intentando organizar una nueva cruzada contra los turcos que, tras la caída de Constantinopla, avanzaban por Europa del Este.

La propuesta fue recibida con indiferencia por la mayoría de los monarcas, más preocupados por sus propias disputas, excepto por el rey húngaro Matías Corvino y el príncipe valaco Vlad III, conocido como Vlad Drácula o Vlad el Empalador. La crueldad de este personaje histórico inspiró al vampiro de Bram Stoker en 1897. El nombre “Drácula” proviene de su padre, Vlad II Dracul, miembro de la Orden del Dragón (Dracul), creada para defender el cristianismo en Europa del Este.

Cuando Drácula se convirtió en el mayor aliado del Papa

Una alianza contra los otomanos

Ambos, Corvino y Vlad, tenían a los turcos a sus puertas y, por tanto, estaban motivados para que la cruzada prosperara. Recibieron del Papa 40 000 ducados para levantar un ejército que detuviera la expansión otomana.

El rechazo al tributo otomano

Vlad decidió no pagar el tributo exigido por el sultán Mehmed II (10 000 ducados y 500 niños para el ejército de los jenízaros). Enfurecido, el sultán ordenó su asesinato. El general turco Hazma Bey invitó al príncipe a una reunión para negociar un nuevo acuerdo, sabiendo que era una trampa.

La emboscada de Vlad

Consciente del engaño, Vlad aceptó la cita y preparó una emboscada. Capturó a la delegación turca y, siguiendo sus órdenes, los empaló según su rango, los más altos en los puestos más altos.

Mientras tanto, el grueso del ejército otomano esperaba al otro lado del Danubio la señal de ataque tras la supuesta muerte del príncipe. En medio de la noche, las tropas de Vlad sorprendieron y derrotaron al contingente turco. Se estima que más de 20 000 soldados fueron empalados en una “bosque de estacas”.

«Algunos los rompió bajo las ruedas de los carros, otros los desnudó y los descuartizó vivo; a muchos los empaló, atravesando el cuerpo de atrás hacia adelante, y los dejó arder sobre brasas encendidas», según Nicolás de Modrussa, legado del Papa.

La visión del Papa

¿Qué pensó el pontífice de aquella masacre? Probablemente la describió como un castigo brutal, pero también reconoció que la terrible demostración había frenado a los otomanos y se convirtió en un arma psicológica contra los “infieles”.

Fuente: “De lo humano y lo divino”