Historia de Europa

Bartolomeo Chassané, el más grande abogado defensor de los animales de la historia

Un juicio contra animales en la Edad Media

¿Te imaginas que un cerdo, una vaca o incluso un animal salvaje fueran llevados a juicio con todas las garantías procesales? Hasta el siglo XIX era práctica habitual acusar a cualquier animal de un delito y someterlo a un proceso judicial completo, con defensor asignado de oficio.

Bartolomeo Chassané, el más grande abogado defensor de los animales de la historia

Bartolomeo Chassané, defensor de las ratas de Autun

Entre los abogados que brillaron en esos absurdos litigios destaca el joven jurista francés del siglo XIV, Bartolomeo Chassané. Su caso más famoso fue la defensa de las ratas del diócesis de Autun, asediadas por una plaga que devastaba la región.

Bartolomeo Chassané, el más grande abogado defensor de los animales de la historia

Al no poder controlar a los roedores, la autoridad eclesiástica los denunció ante el tribunal local. Se les notificó colgando un edicto en la puerta de la iglesia, pero al no comparecer los magistrados exigieron una sentencia inmediata. Chassané, actuando como su defensor, alegó que la notificación era defectuosa porque la cantidad de ratas hacía imposible que todas la recibieran.

El tribunal aceptó su argumento y ordenó a los sacerdotes de cada parroquia que recorrieran la ciudad y los campos leyendo el edicto en voz alta. Las ratas, sin embargo, seguían sin presentarse. El acusador añadió el delito de desacato y volvió a solicitar la condena.

Chassané no se dio por vencido. Sostuvo que muchas ratas eran demasiado viejas o jóvenes para viajar al juzgado y que el resto temía salir de sus madrigueras “por los malvados gatos de los delatores”. Propuso que las autoridades garantizaran su protección, lo que habría supuesto un gasto enorme y la posible responsabilidad de indemnizar daños. Ante la imposibilidad de cumplir esas condiciones, el proceso quedó sin fecha de resolución y se archivó indefinidamente, lo que, en términos prácticos, supuso la victoria del defensor.

Ese caso impulsó la carrera de Chassané, que llegó a presidir el parlamento de Provenza. Más tarde, enfrentó una fuerte oposición social al defender a un grupo de herejes, argumentando que “si a las ratas de Autún se les concedió un juicio justo, ¿por qué negar lo mismo a un hereje?”. Aunque no obtuvo el triunfo, sus defensas le granjearon poderosos enemigos.

Poco después, recibió un ramo de flores perfumadas con un potente veneno y falleció al inhalar su aroma, cerrando una vida marcada por la defensa de los más indefensos.


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