Antes de iniciar este viaje imaginario al pasado, debo aclarar dos cosas. Primero, al tratarse de una ficción me permito algunas licencias artísticas y, segundo, mi interacción con los personajes del siglo XV se hace desde una perspectiva del siglo XXI, siempre con respeto y como iguales. Con esas premisas, ¡abro el cinturón y partimos!
El encuentro con Zheng He
Me encontré entre los muelles del Yangtsé, rodeado de trabajadores chinos. La máquina del tiempo me había vestido con una túnica de seda azul celeste, pantalones de algodón, una falda hasta la rodilla y botas de fieltro. Mientras observaba el movimiento, un carruaje se abrió paso y, al descender, descubrí al propio almirante Zheng He. Intenté acercarme, pero unos guardias, al ver mi gesto, lo interpretaron como un ataque y alzaron sus lanzas. Un grito detuvo la amenaza y los soldados se inclinaron ante el almirante.
-Hola, Javier. Soy Zheng He. Perdona a mis guardias, pensaron que querías atacarme.
-Yo soy quien debe disculparse. No es raro que lo crean.
-Ven, sube al carruaje; iremos al paso de Juyong, donde verás la obra de la muralla.![]()
Zheng He, militar, marino y explorador.
Los orígenes de la Gran Muralla
Durante el trayecto, Zheng He me explicó por qué se construía la muralla. Desde la unificación de Qin Shi Huang en 221 a.C. hasta la dinastía Ming, la idea era crear una barrera continua que protegiera al imperio de las incursiones nómadas de las estepas del norte. Las relaciones con los nómadas alternaban entre comercio y conflicto; a veces se ofrecían regalos, matrimonios (Heqin) y tratados, y en otras ocasiones se lanzaban campañas militares.
-¿Por qué la muralla ahora?
-Porque los bárbaros siguen atacando. Necesitamos una defensa sólida, pero también demostrar que no somos una nación débil.![]()
Descanso y comida tradicional
Al llegar al paso, nos sentamos bajo la sombra y nos sirvieron té y zongzi, paquetes de arroz glutinoso envueltos en hoja de bambú. La conversación continuó sobre la función de la muralla: proteger, delimitar el mundo civilizado y aislar lo que se consideraba perjudicial.
Cómo se construye la muralla
Observé a los obreros transportando ladrillos gigantes, a los masones colocando mortero y a los soldados trabajando en sincronía milimétrica. Cada equipo tenía asignada una sección específica, lo que facilitaba la coordinación y mantenía la moral alta.
-Cada ladrillo es más grande de lo habitual para acelerar la obra.
-Sí, y usamos mortero de arroz glutinoso mezclado con cal viva. El arroz aporta una resistencia sorprendente.![]()
La fuerza laboral
La plantilla incluía maestros constructores, albañiles, prisioneros de guerra, criminales y, sobre todo, soldados y campesinos que, motivados por el deber, se ofrecían como voluntarios. Cada grupo cumplía una función concreta y trabajaba bajo una estricta disciplina.
El misterio del gas natural
Al preguntar por la ausencia de leña en la fábrica de ladrillos, Zheng He reveló que utilizaban gas natural extraído de depósitos salinos. El gas alimentaba los hornos y también calentaba los calderos para cocinar el zongzi.
Los guardias y la inscripción
Un guardia me susurró que debía acompañar al almirante a otra fortificación. En el camino, un campesino me confesó que había sido obligado a trabajar en la muralla, y me indicó una inscripción en la piedra. El almirante, tras leerla, recitó:
Every brick, every stone
and every centimeter of mud,
are mixed with people of the town,
with their bones, their sweat and their blood.
El poema mostraba el sacrificio de los trabajadores, aunque el almirante intentó minimizar la idea de que la muralla fuera un cementerio.
El detector de terremotos de Zhang Heng
En la muralla encontré un dispositivo de bronce con ocho dragones y ocho ranas. Zheng He explicó que era el primer sismógrafo, inventado por Zhang Heng. Cuando un terremoto sacudía la zona, el dragón correspondiente soltaba una bola que caía en la boca de la rana, indicando la dirección del epicentro.
El juego de cuju
Los soldados me invitaron a jugar al cuju, precursor del fútbol. Con una pelota de cuero rellena de plumas y una red suspendida a nueve metros de altura, intenté marcar goles. Aunque no logré anotar, el equipo me concedió el premio de "invitado de honor".
Despedida y la leyenda de Meng Jiangnu
Al regresar al puerto, el guardia que me había acompañado murmuró sobre "el enfado de su señor y Meng Jiangnu". Investigué la historia: la joven que lloró tanto que hizo colapsar un tramo de la muralla, simbolizando la crueldad del régimen y el sacrificio de los obreros.
Conclusión: la Gran Muralla no es solo una fortificación; es testimonio del ingenio chino, de la dureza de sus constructores y de los mitos que la rodean, recordándonos tanto la grandeza como la tragedia de la historia.