Introducción
Desde finales del siglo XX, un movimiento impulsado por afro‑americanos en EE. UU. ha exigido reparaciones por la esclavitud, similar a las indemnizaciones que Alemania pagó a los judíos y al Estado de Israel. En el centro del debate están los bancos y compañías de seguros que, de una forma u otra, se beneficiaron del comercio humano.
Orígenes de Wall Street y la esclavitud
En 1625 la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales fundó New Amsterdam (hoy Nueva York). La muralla que delimitaba la colonia fue construida por esclavos africanos traídos en 1627; de allí proviene el nombre de Wall Street. A finales del siglo XVII y principios del XVIII, bajo dominio inglés, la ciudad creció gracias al trabajo forzado. En 1711 el Consejo de la ciudad aprobó el primer mercado de esclavos en Wall Street, conocido como el Meal Market, punto clave del tráfico transatlántico.
El 17 de mayo de 1792, 24 comerciantes firmaron el Buttonwood Agreement en el número 68 de Wall Street, estableciendo un mercado de valores regulado que se convertiría en la Bolsa de Nueva York. Así, la historia financiera de Wall Street está íntimamente ligada a la esclavitud.
El papel de los bancos y aseguradoras
Los bancos financiaron a los propietarios de esclavos y aceptaron a los esclavos como garantía. Cuando los dueños no podían pagar, los bancos se quedaban con los esclavos. Al mismo tiempo, las compañías de seguros ofrecían pólizas de vida para los esclavos: por unos pocos dólares se aseguraba la muerte de una persona esclavizada, y los dueños recibían la prima en caso de fallecimiento.
Los navíos negreros también contrataban seguros para su "carga" humana. Las disputas entre aseguradoras y armadores llegaban a los tribunales, como el famoso caso del barco Zong.
El caso del barco Zong
En septiembre de 1781 el Zong zarpó de São Tomé con 442 esclavos a bordo. Enfermedades y falta de alimentos provocaron la muerte de 60 esclavos y 7 tripulantes. Ante la perspectiva de perder más vidas (y, por tanto, valor económico), el capitán Luke Collingwood decidió arrojar al mar a los esclavos enfermos, alegando la necesidad de conservar agua para la tripulación y el resto de la "carga".
Tras llegar a Jamaica con 208 supervivientes, el armador William Gregson reclamó £4,000 al seguro por los 133 esclavos arrojados. El seguro se negó, argumentando que se trataba de "mal manejo de la carga". El caso fue llevado a los tribunales de Londres, donde, pese a la defensa de los abolicionistas, el juez Lord Mansfield anuló la sentencia a favor del asegurador, sin reconocer el homicidio.
Responsabilidades actuales
Algunas de las instituciones mencionadas han reconocido su participación histórica. Aetna emitió una disculpa pública, mientras que investigaciones internas de JP Morgan Chase revelaron que sus predecesores aceptaron como garantía a aproximadamente 13 000 esclavos, llegando a poseer 1 250 de ellos. Sin embargo, hasta la fecha no se han realizado reparaciones sustanciales.