Introducción
En el artículo publicado el 19 de julio sobre la historia del gin‑tonic se planteó una curiosa pregunta: ¿por qué la intoxicación por sobredosis de quinina se denomina cinconismo? La respuesta está vinculada a la Condesa de Chinchón y a una larga cadena de descubrimientos, leyendas y explotaciones que vamos a desglosar.
Del Jurassic Park a la malaria
La película de Steven Spielberg (1993) muestra cómo un millonario crea un parque de dinosaurios a partir del ADN de un mosquito atrapado en ámbar. Si dejamos de lado la clonación y nos quedamos con el mosquito, podemos afirmar que la malaria –causada por el protozoario Plasmodium y transmitida por el mosquito Anopheles– existe desde hace más de 20 millones de años.

Esta conclusión se basa en el trabajo de la pareja de científicos George y Roberta Poinar, quienes, analizando ámbar dominicano de 15‑20 millones de años, hallaron restos de Plasmodium dentro del ADN de un mosquito fosilizado.
La relación entre la agricultura y la malaria
Los primeros humanos eran cazadores‑recolectores; su alimentación era variada y dependía de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres. Con la revolución neolítica, la agricultura y la ganadería se convirtieron en la base de la subsistencia, lo que obligó a establecerse cerca del agua para regar los cultivos y cuidar al ganado. Esa proximidad creó los ambientes perfectos para la reproducción de los mosquitos y, por ende, la expansión de la malaria. De hecho, la palabra “malaria” proviene del latín palus (pantano) y del italiano mal’aria (aire malo), una referencia a la creencia de que la enfermedad surgía del “mal aire” de los charcos estancados.
El descubrimiento de la quinina
Para combatir la malaria los europeos recurrieron a la quinina, un compuesto extraído de la corteza del árbol de quina (Cinchona officinalis), originario de los Andes sudamericanos (Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y Venezuela). Las culturas precolombinas ya utilizaban la corteza para tratar fiebres.
Una de las primeras leyendas sobre su uso relata a Pedro Leyva, un indígena de Loja (Ecuador), que, enfermo de malaria, bebió agua de una laguna rodeada de quina. El amargo sabor le alivió la fiebre y empezó a administrar infusiones de corteza a otros pacientes.

En 1630 el jesuita Juan López de Cañizares enfermó de malaria y fue curado con una preparación de polvo de corteza de quina. En 1635 el mismo ordenamiento jesuita, a través de Bernabé Cobo, documentó el remedio en su “Historia del Nuevo Mundo”.
La Condesa de Chinchón
El verdadero punto de inflexión llegó cuando Francisca Enríquez de Rivera, condesa de Chinchón y esposa del virrey del Perú, contrajo malaria. Los jesuitas le enviaron el polvo de quina, que la curó. El virrey ordenó su distribución entre la población limeña y el preparado pasó a conocerse como “polvo de la condesa”.
El naturalista sueco Carlos Linneo, en 1731, honró a la condesa al nombrar el género del árbol Cinchona y la especie officinalis. De ahí que la intoxicación por exceso de quinina se denomine cinconismo.

De la quina a la colonización europea
El éxito de la quinina impulsó una verdadera fiebre del oro verde. Los jesuitas exportaron el polvo a Europa, donde se le llamó “corteza de los jesuitas”. La demanda hizo que los bosques de quina fueran talados sin control, casi al punto de la extinción. A finales del siglo XVIII, expediciones científicas de Francia (Charles‑Marie de La Condamine) y España (José Celestino Mutis) documentaron la planta.
Las potencias europeas, especialmente Inglaterra y los Países Bajos, establecieron sus propias plantaciones: los ingleses en la India y los holandeses en Java. Entre 1890 y 1940, el 90 % del comercio mundial de corteza y quinina provenía de las colonias holandesas de Indonesia. Con la quinina a su alcance, Europa pudo colonizar regiones malariaicas de Asia y África.
¿Qué ocurrió con los bosques de quina en Sudamérica?
El constante desmonte y la extracción descontrolada dejaron la especie en estado vulnerable. En Perú, país cuyo escudo lleva la quina desde 1825, quedan apenas entre 500 y 600 árboles.
