La Brevísima relación de la destrucción de las Indias, conocida entre amigos como La Brevísima, fue publicada en 1552 por el fraile Bartolomé de Las Casas. Desde entonces se ha convertido en la biblia de quienes defienden la Leyenda Negra. No pretendo juzgar al autor, cuya vida ya ha sido analizada exhaustivamente; basta con señalar algunos hechos incontestables: al inicio de su estancia en América recibió indígenas como esclavos y una encomienda; propuso la importación de africanos para “aliviar” la situación de los indios; defendió la imposición del colonialismo por razones de fe y practicó una colonización pacífica sin soldados; fue nombrado obispo después de publicar la Brevísima; y gozó de una gran libertad de expresión, algo poco común en la monarquía absolutista de la época. Estos datos muestran que, a pesar de su mensaje, Las Casas contó con la libertad de publicar y hasta interferir en otras obras.
El contenido de la obra sí parte de una base de verdad. En mi artículo “¿Por qué se acusa a los españoles de genocidio en América?” ya señalé que “el problema no fueron las leyes, sino el vasto océano que las diluía, los gobernantes que las ignoraban y los colonos que las torcían para su beneficio”. El abuso de los poderosos sobre los débiles es una constante histórica. Las Casas sabía que para que su denuncia resonara debía provocar empatía, y para ello recurrió a la hipérbole. No era necesario que cada detalle fuera exacto; bastaba con presentar hechos plausibles y conmovedores. Hoy vemos ejemplos similares en redes sociales, donde discursos indignados y tuits resentidos se viralizan sin verificación.
La intención del fraile al denunciar injusticias era noble y no pretendía desprestigiar a su país ni a su monarca. Sin embargo, su obra se desbordó y los depredadores de la propaganda la convirtieron en un bestseller. Cada corte austríaco la tradujo para advertir a sus pobladores de los supuestos males de la raza hispánica. Tras la derrota de 1898, la obra reapareció en Nueva York bajo el título sensacionalista “Narración histórica y verdadera de la cruel masacre y exterminio de veinte millones de personas en las Indias”. En los Países Bajos, el grabador Thierry de Bry la ilustró con escenas de indígenas empalados, asados y vendidos como carne, lo que impulsó su éxito editorial; se publicaron varias ediciones entre 1590 y 1634, en latín, alemán y otros idiomas, muchas de ellas coloreadas.
¡Qué acertado estuvo Goebbels! (si él dijo que “una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”)
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