Historia de Europa

Toda Aznárez, reina de Pamplona: la estratega que dominó la Edad Media peninsular (II)

5. Frutos de las alianzas matrimoniales de Toda: los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza

Con la necesidad de encontrar un matrimonio adecuado para el rey García I de Pamplona, Toda Aznárez, experta en alianzas, se dispuso a cerrar el enlace más ventajoso. El conde de Aragón, Galindo Aznárez, estaba casado con una hermana del marido de Toda, Sancho Garcés I, y de esa unión nació una única hija, Andregoto. A primera vista, el matrimonio entre Andregoto y García I parecía ideal, pues ambos eran primos hermanos y reforzaría la unión entre el rebelde condado de Aragón y el reino de Pamplona.

Sin embargo, el conde Bernardo de Ribagorza, pariente de Galindo, reclamaba derechos legítimos sobre Aragón y se oponía a que la herencia pasara a Andregoto y García I. Toda supo sortear este obstáculo: había casado a su hija Velasquita con el hermano de Bernardo, también llamado Galindo. Aprovechando esa relación, ofreció a Bernardo la zona de Sobrarbe a cambio de que renunciara a sus pretensiones sobre Aragón. Bernardo aceptó, de modo que Sobrarbe y Ribagorza se unieron, mientras Aragón mantuvo su vínculo con Pamplona.

6. Intervención en la lucha por la corona de León

Tras la batalla de Simancas, el califa Abd al‑Rahmán III decidió delegar la conducción de las campañas militares en sus generales y, a partir de entonces, adoptó una política de desestabilización política de los reinos cristianos del norte. Como señala Manzano Moreno, los conflictos fronterizos se volvieron más frecuentes y el califato utilizó las disputas internas como arma para debilitar a sus rivales.

Un ejemplo claro fue la contienda leonesa entre Sancho I "el Craso" y Ordoño IV. Sancho, hijo de Ramiro II de León y de Urraca de Pamplona (hija de Toda), accedió al trono en 956 con el apoyo de Castilla, pero careció del respaldo leonés. La rebelión levantó a Ordoño IV, hijo de Alfonso IV, quien también era nieto de Toda. La disputa se intensificó cuando el conde de Castilla, Fernán González, apoyó a Ordoño, quien entró en León el 1 de agosto de 958.

Ante la presión, Sancho buscó refugio en Pamplona, donde su abuela Toda ejercía una gran influencia sobre el rey García Sánchez I. Toda, aliada al califato, consiguió que Abd al‑Rahmán III sometiera a Sancho a un riguroso entrenamiento físico y, a cambio, le entregara un ejército para recuperar León. El califa también pactó con el rey de Pamplona la entrega de los castillos fronterizos que Sancho prometió en caso de éxito.

La estrategia funcionó: Sancho reconquistó Zamora en primavera de 959, tomó León y expulsó a Fernán González, quien fue capturado entre 961 y 962. Ordoño IV, derrotado, huyó primero a Asturias y luego a Burgos, para finalmente exiliarse en al‑Ándalus, donde murió en 961. Tras su muerte, Sancho I consolidó su reinado con el apoyo decisivo de su abuela Toda.

7. Urraca Fernández, la nieta de Toda Aznárez que fue reina tres veces

Las decisiones matrimoniales de Toda aseguraron que sus descendientes ocuparan los tronos más importantes de la Península. Uno de los casos más ilustrativos es el de su nieta Urraca Fernández, hija de Sancha (esposa de Fernán González). Urraca contrajo matrimonio en tres ocasiones, y en cada una de ellas se convirtió en reina.

Su primer esposo fue Ordoño III de León (951‑956). Tras su muerte, Urraca quedó viuda y su posición se convirtió en pieza clave en la lucha entre Sancho I y Ordoño IV por la sucesión leonesa. El segundo marido de Urraca fue precisamente Ordoño IV, lo que facilitó que su padre, Fernán González, apoyara al pretendiente de Castilla.

Después de la muerte de Ordoño IV en el exilio, Urraca volvió a quedar viuda y su tercera unión la llevó de nuevo a la realeza: se casó con su primo Sancho Garcés II, rey de Pamplona y nieto de Toda. Así, Urraca Fernández llegó a ser reina de León en dos ocasiones y, finalmente, reina de Pamplona, repitiendo el propio título de su abuela.

8. Muerte y sepultura de Toda Aznárez

Las fuentes discrepan sobre la fecha exacta de su fallecimiento: algunos documentos sitúan su muerte en 965, mientras que otros la ubican en 958. Toda fue enterrada en el monasterio de San Suso, en San Millán de la Cogolla. Curiosamente, su tumba carece de señalización y no se menciona en las visitas guiadas, pese a estar junto a las de otras reinas pamplonesas, Jimena y Elvira. Sería oportuno que en el futuro se reconozca adecuadamente su lugar de descanso.

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Referencias: Manzano Moreno, E. (2015). Historia de España medieval, vol. 2. Madrid: Editorial Marcial Pons. Otros materiales consultados: Women in History; County of Castile; Wikimedia Commons.