
¿Quién marcó la historia mundial?
En la historiografía japonesa se suele hablar de figuras como Ieyasu Tokugawa, Oda Nobunaga o Toyotomi Hideyoshi, pero su influencia fuera de Japón fue limitada. Cuando se busca al personaje que más ha influido en la historia universal, el nombre que suele aparecer primero es el de Augusto, el primer emperador de Roma.
Se convirtió en sucesor de César a los 18 años
El legado de la Antigua Roma es inconmensurable: el Renacimiento italiano revivió su arte y filosofía; palabras como “senado” provienen del latín senatus; la literatura romana inspiró a generaciones de estudiosos, entre ellos al premio Nobel de Literatura Theodor Mommsen. Julio César, considerado por Mommsen el único genio creativo nacido en Roma, había sido asesinado por senadores temerosos de su poder.
En su testamento, César adoptó a un joven llamado Octaviano, dejándole su nombre y parte de su fortuna. Ni los aliados de César ni el pueblo romano conocían a aquel muchacho de 18 años.
Un joven enfermizo sin experiencia
En la República romana existía el cursus honorum, una serie de cargos públicos (cúspide, pretor, cónsul, etc.) que se alcanzaban con la edad mínima requerida. Octaviano, enfermo y pálido, estaba lejos de cumplir esos requisitos y no había demostrado ningún mérito militar.
Aunque carecía de experiencia, César había percibido en él un talento político excepcional. Octaviano heredó, además, la sangre de la hermana de César, lo que reforzó su posición.
El ascenso político de Octaviano
Segundo Triunvirato
Tras la muerte de César, Marco Antonio, Lepido y Octaviano formaron el Segundo Triunvirato. Octaviano supo ganarse el apoyo del orador Cicerón, quien, pese a sus diferencias con Antonio, compartía su aversión a los asesinos de César.
Gracias a la influencia de Cicerón y al respaldo de los legiones leales a César, Octaviano obtuvo el título de senador y el poder militar (imperium) necesario para perseguir a los asesinos de César en la batalla de Filipos.
Contra los asesinos de César
En Filipos, las fuerzas de Octaviano y Antonio derrotaron a Bruto y Casio, pese a la falta de experiencia militar de Octaviano. La victoria consolidó su autoridad y marcó el inicio de la unificación interna de Roma.
Unificación interna de Roma
Tras Filipos surgieron tensiones entre los triunviros. Lepido fue rápidamente eliminado; Antonio, enamorado de Cleopatra, llevó la lucha a Egipto. Octaviano transformó el conflicto en una guerra entre Roma y el reino ptolemaico.
La decisiva batalla naval de Actium (31 a.C.) dejó a Antonio y Cleopatra sin opciones; ambos se suicidaron y el control total de Roma quedó en manos de Octaviano.
El Principado
En 27 a.C. el Senado concedió a Octaviano el título honorífico de Augusto y lo reconoció como princeps, el “primer ciudadano”. Aunque adoptó la fachada de respetar la República, el poder real era una dictadura sutil y bien estructurada.
Escándalos familiares de Julia
Augusto sólo tuvo una hija, Julia, quien contrajo varios matrimonios (primero con Marco Agripa, luego con Tiberio) y se vio envuelta en escándalos de adulterio. Para preservar la moral pública, Augusto la exilió y, tras la muerte de Agripa, nombró a Tiberio como su sucesor.
Legado y evaluación de Augusto
El Imperio fundado por Augusto perduró más de 400 años, llegando a incluir al Imperio Bizantino y a durar hasta 1500 años. Su gobierno sentó las bases de una administración eficiente, una moneda unificada, una extensa red de carreteras y un florecimiento cultural (Virgilio, Horacio, etc.).
Comparado con otros grandes fundadores –como Qin Shi Huang, Genghis Khan o Alejandro Magno–, Augusto logró crear una estructura política que sobrevivió mucho después de su muerte, manteniendo la paz interior (Pax Romana) durante dos siglos.
Su única gran derrota militar fue la pérdida en el bosque de Teutoburgo (9 d.C.), que fue rápidamente subsanada por Tiberio.
En definitiva, Augusto es el primer gobernante de la historia mundial cuyo legado institucional perduró de forma tan extensa y estable.