Durante 40 años hizo reír a millones en todo el mundo. Su programa alcanzó una enorme popularidad y se convirtió en un símbolo del humor inglés. Pero detrás de la sonrisa había una profunda soledad. A pesar de su fortuna, murió en un apartamento alquilado y su cuerpo no fue encontrado hasta varios días después.
Una cara característica con una sonrisa siempre ancha es lo primero que viene a la mente al evocar al comediante británico Benny Hill. La melodía que anunciaba cada episodio de The Benny Hill Show aún resuena en la memoria de muchos.
Aunque hayan pasado 29 años desde su fallecimiento, resulta difícil imaginar a alguien que no conozca al actor que perseguía constantemente a su propia sombra en pantalla. Cuando la cinta se detenía y los flashes se apagaban, también lo hacía su sonrisa. El hombre que hizo reír a millones vivía una vida de aislamiento.
Un nuevo tipo de humor
Alfred Hawthorne Hill nació el 21 de enero de 1924 en Southampton, Inglaterra. Desde pequeño mostró talento para la actuación, pero en su juventud desempeñó varios oficios: repartidor de leche, conductor y locutor de radionovelas.
En la radio adoptó el nombre "Benny", en honor a su ídolo estadounidense Jack Benny. Su situación cambió radicalmente en 1955, cuando la BBC lanzó su programa original, The Benny Hill Show. Cada emisión atraía a más espectadores, y los productores pronto comprendieron que tenían algo nuevo, original y sorprendente.
Hill se basó en la comedia slap‑stick, con personajes exagerados, situaciones espontáneas y aventuras peligrosas. Incorporó gags del cine mudo, pantomima y sátira, y utilizó persecuciones al ritmo de la famosa melodía "Yakety Sax" de Boots Randolph y James Rich.
Además, el comediante a menudo se disfrazaba de mujer, añadiendo un tono de cabaret al programa. Las mujeres jóvenes y sensuales eran una presencia constante y fundamental en sus sketches.
La "mania Benny"
El programa rompió récords de audiencia en más de 100 países y, durante cuatro décadas, conquistó los corazones de los televidentes. En Polonia, durante los años 90, Benny Hill se convirtió en una marca, un referente del humor inglés.
En los primeros años de la década de 1980 surgió la "mania Benny": jóvenes actores y cómicos lo consideraban el rey de la comedia e intentaban imitar sus gestos y movimientos. Personalidades como Michael Jackson, Greta Garbo y Charlie Chaplin también eran admiradores; de hecho, Chaplin le recibió en su casa suiza.
En la casa de Chaplin, Hill descubrió cintas de sus propios programas apiladas en los estantes, un honor para un comediante tan modesto. El éxito le trajo fama, reconocimiento y una fortuna para la que nunca estuvo preparado. Escalar al cenit resultó ser una pared que nunca pudo superar, y lo peor estaba aún por llegar.
"Viejo sucio y sucio"
La vida privada de Benny Hill no se parecía a la de un típico millonario. Nunca compró una casa ni un coche; vivió alquilando apartamentos cerca de Londres durante toda su vida.
Sus condiciones de vida eran modestísimas; guardaba todos sus premios en cajas de cartón dentro del armario. Nunca se casó ni tuvo hijos. Existían rumores de que era gay, y que las jóvenes que aparecían en sus sketches eran solo una fachada. Hill intentó formar una familia en dos ocasiones, pero las mujeres rechazaron sus propuestas.
En los años 80, cuando su popularidad volvía a subir, creó un programa que fue criticado por la primera ministra Margaret Thatcher y la familia real. En 1982 sus programas fueron censurados, lo que marcó el fin de la "mania Benny".
Los círculos feministas acusaron al comediante de presentar a mujeres jóvenes de forma sexualizada, llegando a calificarlo de "viejo sucio que desnudaba a niñas inocentes". Hill no respondió públicamente, pero esas críticas lo deprimieron profundamente, sobre todo cuando su programa desapareció de la televisión para siempre.
Risas entre lágrimas
Ese mismo año falleció su mejor amigo, Jackie Wright. Hill se refugió en el alcohol, su salud se deterioró rápidamente y fue hospitalizado varias veces a principios de los 90. Los médicos le recomendaron dieta y cambios de estilo de vida, pero fue en vano.
Benny Hill murió el 20 de abril de 1992, a los 67 años, probablemente por un infarto. Su agente encontró su cuerpo varios días después, cuando llegó al apartamento y no obtuvo respuesta al teléfono. Hill fue hallado muerto frente al televisor.
Su fortuna, estimada en 10 millones de libras, generó una polémica herencia. En su testamento dejó todo a sus padres y hermanos, pero ninguno de ellos vivía al momento de su muerte. Un documento encontrado en sus archivos privados pretendía legar la fortuna a sus amigos, pero carecía de validez legal; finalmente, la herencia se repartió entre los hijos de sus hermanos, a quienes no había visto en años y que, aunque criticaban su obra, aceptaron la herencia.
Circuló un rumor de que Hill fue enterrado con su fortuna. Meses después del funeral, la policía recibió denuncias de que desconocidos habían desenterrado su tumba; nunca se capturó a los responsables.
Hoy en día, la obra de Benny Hill se valora como un clásico de la comedia británica. Es recordado por su modestia, su sonrisa inconfundible y su saludo característico con la mano levantada.