Celebraciones en Versalles y París
El 16 de mayo de 1770 se celebró en Versalles la boda entre María Antonieta de Habsburgo-Lorena y el delfín Luis Augusto de Borbón. A sus 14 y 15 años, con personalidades opuestas, encarnaban la esperanza de la dinastía y del pueblo. Los días posteriores estuvieron llenos de obras de teatro, óperas, minuetes, bailes de máscaras, banquetes y, por supuesto, fuegos artificiales.
Una de las imágenes más recordadas fue la iluminación del Gran Canal. Faroles de papel y linternas decoraban los sauces, mientras barcos adornados con luces deslizaban su reflejo sobre el agua, creando un espectáculo de luz sobre el césped verde.
Los parisinos, atraídos por la vista, se aglomeraron en los jardines iluminados. María Antonieta, entusiasmada, quiso bajar a caminar entre la gente, pero le fue denegado el permiso.
El espectáculo pirotécnico en la Rue Royale
El 30 de mayo de 1770, la capital organizó su propio espectáculo en la Place Louis XV (hoy Place de la Concorde) y la Rue Royale. El escenario, descrito en la Gazette, simulaba el Templo de Hymen, con columnas, cascadas y figuras alegóricas que representaban al delfín y la delfina.
Aproximadamente a las 21:00 se encendieron los fuegos. El público, hambriento, recibió vino, pan y carne mientras la orquesta tocaba. Sin embargo, la multitud se volvió ingobernable.
La tragedia de la estampida
El duque de Croÿ, testigo del suceso, describió cómo la salida de la Rue Royale quedó bloqueada por carruajes y por el estrecho de la calle, llena de zanjas y escombros. La presión de la masa provocó una estampida que dejó entre 300 y 332 muertos, entre ellos 83 mujeres y 49 hombres.
“Al día siguiente la policía confirmó que había ciento treinta y dos cadáveres en el lugar; los primeros heridos fueron trasladados, pero muchos murieron en la calle por el aplastamiento.”
María Antonieta, que se dirigía a un banquete, regresó a Versalles entre lágrimas al recibir la noticia.
Repercusiones y gesto de solidaridad
Conmovido por la tragedia, el delfín Luis Augusto destinó los 6.000 libras que recibía mensualmente del rey a los parisinos, a través del teniente general de policía, Monsieur de Sartine. La delfina también participó en la ayuda.
El ambiente en París quedó marcado por el luto y la desolación. Los cronistas de la época interpretaron la catástrofe como un ominoso presagio del futuro de la pareja, que veinte años después sería decapitada en la misma plaza.
Conclusión
La boda de Luis XVI y María Antonieta, que debería haber sido un símbolo de renovación, comenzó con una tragedia que presagiaba el destino trágico del reinado. La combinación de una planificación urbana caótica y la falta de control de multitudes convirtió la celebración en una de las peores estampidas de la historia francesa.