Historia de Europa

Los matrimonios trágicos de Isabel de Aragón, hija de los Reyes Católicos

Isabel de Aragón, la primogénita olvidada

Isabel de Aragón (1470‑1498), la mayor de los hijos de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, vivió una vida corta pero decisiva para la historia de la Península. Mientras sus hermanas Juana (Juana la Loca), María y Catalina (esposa de Enrique VIII) son ampliamente recordadas, Isabel ha quedado en la sombra. Su destino estuvo marcado por alianzas políticas con Portugal y por una muerte prematura que alteró la sucesión de Castilla y Aragón.

Primer matrimonio portugués

En 1490 Isabel se casó, por procura, con el príncipe Alfonso, heredero del trono de Portugal. La boda, celebrada el Domingo de Pascua bajo la dirección del Cardenal Mendoza, fue una de las más fastuosas de la época: torneos, banquetes y desfiles que mostraron la riqueza de ambas cortes. La dote de Isabel incluía enormes cantidades de plata y oro, joyas, sedas bordadas y trajes de brocado, evidencia del enorme esfuerzo económico de los monarcas católicos.

El traslado a Portugal fue recibido con entusiasmo; la infanta fue tratada como una princesa desde su llegada. Sin embargo, la felicidad duró apenas seis meses: el príncipe Alfonso murió tras una caída de su caballo, dejando a Isabel viuda a los veinte años.

Viudez a los 20 años

El duelo fue profundo. A su regreso a Castilla, la joven viuda se encerró en una intensa vida de piedad, ayunos y abstinencias que deterioraron aún más su salud. En 1495, el nuevo rey de Portugal, Manuel I (el Afortunado), se acordó de Isabel y, bajo la presión de su madre, le propuso matrimonio. Isabel rechazó categóricamente volver a Portugal, pues aún no había superado la pérdida de su primer esposo.

Segundo matrimonio portugués

Tras cinco años de viudez, la política volvió a intervenir. En 1497 Manuel I ofreció nuevamente su mano, pero esta vez Isabel aceptó bajo la condición de que se persiguieran a los judíos y herejes en Portugal, una exigencia influida por el confesor franciscano Cisneros y los agentes de la Inquisición. El matrimonio se celebró el 13 de septiembre de 1497, sin pompa, como una “oveja al sacrificio”.

Herencia de Castilla y Aragón

El 4 de octubre de 1497 falleció el príncipe Juan, hijo único de los Reyes Católicos, dejando sin heredero directo a Castilla y Aragón. Isabel, como mayor hija, pasó a ser la primera en la línea de sucesión. Para consolidar la unión de los reinos, Isabel y Manuel juraron los Cortes de Castilla (16 de marzo de 1498) y de Aragón, aunque la Constitución aragonesa prohibía que una mujer ostentara el cetro.

Isabel quedó embarazada y, el 24 de agosto de 1498, dio a luz al infante Miguel, su único hijo varón. La gestación había sido difícil y la salud de la madre, frágil desde la infancia, se vio agravada por los rigores del parto y el constante viaje entre Castilla y Portugal.

Una muerte prematura

Al poco tiempo de dar a luz, Isabel falleció, dejando a Manuel desconsolado. El infante Miguel sobrevivió brevemente, pero murió dos años después, lo que evitó que Portugal quedara bajo la influencia castellana. Manuel contrajo nuevamente matrimonio, esta vez con María, hermana menor de Isabel, con quien tuvo diez hijos, seis de ellos varones.

Al morir los Reyes Católicos en 1504, la corona pasó a la hermana menor, Juana, cuyo reinado quedó marcado por la famosa locura que la historiografía ha perpetuado. La breve vida de Isabel de Aragón, sin embargo, jugó un papel crucial en la configuración de la sucesión y las alianzas ibéricas del siglo XV.