Contexto histórico
Amida, la actual Diyarbakır en Turquía, era un paso estratégico entre Mesopotamia y Asia Menor. En el año 502 d.C. el rey persa sasánida Kavad I declaró la guerra al Imperio Bizantino. Tras la conquista de Teodosíopoli, Kavad dirigió sus fuerzas hacia Amida.
El 5 de octubre de 502, los persas arribaron a la ciudad, que no contaba con guarnición militar. Ante la amenaza, los habitantes se reunieron y decidieron, de forma unánime, defender su hogar.
Defensa heroica
Los persas rodearon Amida y comenzaron un asedio prolongado. Las fuentes no especifican el número exacto de atacantes ni de defensores, pero indican que toda la población – hombres, mujeres, niños y hasta monjes – tomó las armas y vigiló las murallas.
Kavad ordenó la construcción de una rampa de tierra que alcanzara la altura de los muros para permitir una asalto directo. Sin embargo, los ciudadanos cavaron en secreto bajo esa rampa, creando un túnel que extraía tierra del interior y la sacaba fuera de la ciudad sin que los persas lo notaran.
Mientras trabajaban febrilmente, los habitantes colocaron pilares impregnados con sustancias inflamables. Cuando los persas intentaron usar la rampa, los defensores incendiaron los pilares; la estructura colapsó y cientos de soldados persas murieron de forma brutal.
El asedio y la resistencia
El fracaso inicial obligó a Kavad a abandonar la idea de un nuevo asalto inmediato y a saquear los alrededores. Los aliados árabes persas llegaron a Edessa, donde perpetraron masacres y saqueos, capturando a 18 500 personas, mayormente mujeres y niños, mientras los hombres eran asesinados.
Aun así, Kavad mantuvo el cerco sobre Amida, a pesar del frío y la tenaz resistencia de sus habitantes. Decidió reconstruir la rampa, pero los ciudadanos respondieron erigiendo una enorme máquina de asedio que lanzaba proyectiles de aproximadamente 150 kg, destruyendo un enorme ariete persa y matando a sus operadores.
Después de tres meses de asedio (enero de 503), el ejército persa ya había sufrido unas 50 000 bajas. Sin embargo, Kavad no desistió.
La caída de Amida
Los persas descubrieron un paso secreto que un habitante utilizaba para buscar alimentos. Siguiendo el rastro, introdujeron una parte de su ejército por el túnel mientras el resto realizaba una ofensiva exterior.
Tras una dura lucha en las murallas que duró varias horas, la superioridad numérica persa prevaleció y, el 11 de enero de 503 d.C., después de 80 días de asedio, los invasores entraron en la ciudad.
Lo que siguió fue una orgía de sangre y destrucción. Según el crónico «pseudo‑Jesús» el estilita, los persas profanaron los lugares sagrados, saquearon las iglesias y capturaron a los supervivientes, dejando vivos solo algunos ancianos y quienes lograron esconderse. El autor estimó, quizá exageradamente, una mortalidad de 80 000 personas**, describiendo ejecuciones mediante piedras, ahogamientos en el Tigre y brutalidades con lanzas.