Historia de Europa

La batalla de Cunaxa (Babilonia) en 401 a.C.: la épica victoria griega

La batalla de Cunaxa (Babilonia) en 401 a.C.: la épica victoria griega

Antecedentes

La batalla de Cunaxa, librada el 3 de septiembre de 401 a.C., marcó uno de los enfrentamientos más decisivos entre griegos y persas. El príncipe persa Ciro el Joven, hermano de Artajerjes II, decidió usurpar el trono y reunió un ejército de alrededor de 100.000 hombres.

El ejército griego

Entre esas fuerzas, según Xenofonte, se encontraban 13.000 mercenarios griegos conocidos como los miríos. Eran una tropa de élite compuesta por veteranos de la Guerra del Peloponeso:

  • 11.500 hoplitas (principalmente peloponesios y boeotios)
  • 1.000 peltastas (mayoritariamente tracios)
  • 500 psiloi (cretenses armados con arco, escudo pequeño y lanza)
  • Un contingente de caballería ligera

El cuerpo estaba bajo el mando del espartano Clearchus, quien adaptó sus tácticas a la doctrina militar espartana.

Desarrollo de la batalla

Primer enfrentamiento

Tras cruzar los canales del Éufrates, el ejército de Ciro avanzó tres días hasta que los scouts informaron la llegada del ejército real persa. Los griegos se desplegaron en el flanco derecho, protegidos por la ribera del río.

Cuando el ejército de Artajerjes apareció, una nube de polvo cubrió la llanura. Ciro, confiado en que sus griegos romperían el ala izquierda persa, ordenó a Clearchus atacar el centro enemigo. Clearchus, temiendo perder la protección del río, prefirió mantener la posición.

Los griegos, al recibir la señal "¡Zeus nos guarde y nos haga victoriosos!", avanzaron a paso rápido cantando su paean. A apenas 150‑200 m de los persas, la caballería y los carros de guerra persas huyeron, permitiendo a los hoplitas griegos aniquilar al frente hostil sin apenas pérdidas (solo una herida por flecha).

La muerte de Ciro

Mientras los griegos triunfaban, la izquierda de Ciro se vio superada. Con sus 600 caballeros de élite, Ciro atacó a la caballería persa de Artajerjes (6.000 hombres) y los venció. Al ver a su hermano, Ciro se lanzó contra él y le infligió una herida mortal en el pecho, pero él mismo recibió una jabalina bajo el ojo y cayó gravemente herido. Los restos de su guardia fueron incapaces de protegerlo y ambos murieron en el caos.

En el campamento, los guardias griegos defendieron la posición contra los persas, pero la presión aumentó cuando los persas reorganizaron sus tropas.

Segundo asalto griego

Clearchus reorientó la falange hacia el río y los peltastas, bajo el mando de Episthenes de Anfípolis, emplearon una táctica ingeniosa: se dejaban pasar los caballeros persas y los atacaban a corta distancia con lanzas y espadas, logrando que la caballería ligera persa huyera sin causar bajas.

Con la línea persa desordenada, los 13.000 griegos, aun estando en inferioridad numérica, repelieron los nuevos ataques y obligaron a la caballería persa a retirarse. Al anochecer, los griegos acamparon al pie de una colina, estableciendo guardias. Lycius de Siracusa regresó con la noticia de que los persas se estaban retirando: una de las mayores victorias de la historia griega había quedado consagrada.

Conclusión

La batalla de Cunaxa demostró la eficacia de la falange griega y la capacidad de los mercenarios para influir en la política persa. A pesar de la muerte de Ciro, la victoria de los griegos abrió el camino a la famosa expedición de los Diez Mil.