Historia de Europa

Puertas Persas: la batalla de las Termópilas de Alejandro en Asia

Puertas Persas: la batalla de las Termópilas de Alejandro en Asia

Tras la victoria en Gaugamela

Tras la aplastante victoria sobre los persas en Gaugamela, Alejandro quiso completar la conquista de las provincias más orientales del Imperio persa. En el invierno de 331‑330 a.C., ya había tomado Susa.

Su objetivo era avanzar por la «Carretera Real» hacia Persépolis y Pasargadae, pues sabía que el rey persa Darío III intentaba reunir un nuevo ejército en Ecbatana.

La defensa de Ariovarzán

El sátrapa de Persis, Ariovarzán, recibió la orden de Darío de detener a los griegos, ganando tiempo para formar ese ejército. Aprovechó que Alejandro tendría que atravesar los escarpados pasos del monte Zagros en pleno invierno.

Alexander, con parte de su ejército, se dirigió hacia las Puertas Persas, un estrecho paso montañoso en el Zagros. Ariovarzán fortificó el paso, no en su entrada sino casi en su salida, erigiendo también una muralla.

Al mando de unos 17 000 hombres, Alejandro entró en el paso sin resistencia y llegó al pequeño valle de Tange Meiran. Ariovarzán había desplegado entre 25 000 y 40 000 soldados cerca del actual pueblo de Sesmekh‑Senar.

En ese punto el camino giró al sureste y se estrechó a apenas unos metros de ancho. Simultáneamente, los persas enviaron sus tropas por la ruta para lanzar rocas contra los griegos cuando quedaran atrapados.

La trampa

Los griegos escucharon el estruendo de las rocas que caían y, al mismo tiempo, fueron acosados por flechas persas. El ejército griego sufrió graves pérdidas y Alejandro consideró la retirada. Sin embargo, la estrechez del paso impedía una maniobra fácil. Finalmente logró conducir a sus hombres hasta la salida, dejando atrás a sus muertos, algo que contrastaba con el ethos griego.

El dilema de Alejandro

Por primera vez, Alejandro se encontró sin salida. Pasó casi un mes frente al estrecho buscando una solución. El invierno agravaba la situación y la zona se volvía cada vez más intransitable.

La respuesta llegó de un pastor, o según otras fuentes, de un prisionero del ejército persa, que conocía un sendero que rodeaba las posiciones persas. Una suerte inesperada que recordó a la batalla de las Termópilas.

La maniobra nocturna

Los relatos varían, pero la versión más aceptada describe que Alejandro, al frente de la élite de los Hipsastas, los infantes de Perdiccas, los famosos lanceros arios y la caballería de los compañeros, se movió de noche siguiendo al guía por el camino imposible que rodeaba al enemigo.

Atacó sorpresivamente los puestos persas y, una vez superados, esperó a que Cratero atacara de frente. A la luz del alba, los dos cuerpos griegos lanzaron un ataque simultáneo contra los persas, que lucharon desesperadamente.

Según distintas fuentes, Ariovarzán quedó atrapado y murió con honor, o bien logró escapar pero fue capturado después; otra versión afirma que fue asesinado fuera de Persépolis. En cualquier caso, la fuerza persa fue aniquilada y el camino quedó libre para Alejandro.

Consecuencias

La batalla de las Puertas Persas fue la más sangrienta para los griegos en Asia. No por casualidad, casi todos los historiadores, antiguos y modernos, la comparan con las Termópilas. Las bajas griegas, según las fuentes, llegaron a 7 000 muertos y heridos, una cifra enorme. Por su parte, el contingente persa quedó destruido.

La victoria abrió la ruta al corazón del Imperio persa y a Persépolis. Los griegos llegaron a la gran y rica ciudad persa, la saquearon y la destruyeron. Fue un acto de venganza por la destrucción de Atenas a manos de Jerjes.

Puertas Persas: la batalla de las Termópilas de Alejandro en Asia

Las Puertas Persas en su punto más estrecho.