Historia de Europa

Batalla de Zela: el rey del Ponto humilla a los romanos en Asia Menor

Batalla de Zela: el rey del Ponto humilla a los romanos en Asia Menor

La primera batalla de Zela se libró en 67 a.C. entre las fuerzas del rey del Ponto, Mitrídates VI, y el ejército romano comandado por Cayo Valerio Triario. Entre 88 y 75 a.C. Mitrídates ya había enfrentado dos guerras contra Roma, ambas terminando en derrotas contundentes.

Antecedentes

En 75 a.C. comenzó la tercera guerra contra el Ponto. Roma envió a los legados Lucio Licinio Luculo y Marco Aurelio Cota. Mitrídates venció a Cota en Calcedonia (Asia Menor), pero fue derrotado por Luculo en Cízico.

Luculo prosiguió la campaña en el Mar Negro, pero tuvo que volver a Asia Menor y enfrentarse al aliado de Mitrídates, Tigranes, rey de Armenia. Aprovechando la retirada romana, Mitrídates atacó a las tropas que permanecían en el centro de Asia Menor y las derrotó.

Tras esta victoria, el legado Triario marchó con dos legiones y un número desconocido de auxiliares para enfrentarse al rey pontico. Según Plutarco, Triario deseaba aplastar a Mitrídates personalmente y ganar gloria. Las fuentes no especifican la composición exacta del ejército pontico.

Desarrollo de la batalla

Los ejércitos se encontraron en la llanura de Zela, donde acamparon. Mitrídates ordenó cavar una zanja que llenó de agua. Un tornado golpeó la llanura y ambos bandos lo interpretaron como un buen presagio.

Los romanos abandonaron su campamento y se prepararon para atacar, pero Mitrídates empleó una táctica inteligente: destinó una pequeña parte de su ejército para enfrentar a un ala romana y lanzó la mayor parte de sus tropas contra el otro ala, aplastándola.

Luego tomó el mando de la caballería y rodeó el ala romana que aún luchaba. Los soldados romanos avanzaron hacia la zanja y muchos cayeron en ella, llenándola de cadáveres. En el fragor del combate, Mitrídates resultó gravemente herido.

Según los relatos, un "mago" llamado Agaris lo curó aplicándole veneno de serpiente; pocas horas después del casi fatal golpe, Mitrídates ya estaba de nuevo a caballo.

Resultado y consecuencias

La batalla concluyó con una clara victoria pontica. Los romanos sufrieron más de 7 000 muertos, entre ellos 24 tribunos y 150 centuriones. Un centurión romano, bajo el pretexto de hablar con el rey, lo atacó y le hirió el muslo.

El ejército de Mitrídates se asustó momentáneamente, pero el médico griego del rey, Timoteo, constató que la herida no era grave y pidió a los guardias que lo levantaran para que los soldados vieran que su monarca estaba bien.

Este episodio provocó la interrupción de la persecución de los romanos derrotados, que lograron reagruparse con las fuerzas de Luculo. El comandante romano intentó atacar de nuevo, pero sus hombres se negaron a seguirlo. Así, Mitrídates mantuvo su victoria, aunque solo fue temporal; en 63 a.C. encontraría su fin.