Soberanía popular: ¿cómo la entendían los federalistas y los anti‑federalistas?
La soberanía popular sostiene que la autoridad del gobierno emana del consentimiento de los gobernados. Tanto federalistas como anti‑federalistas aceptaban este principio, pero divergían en la forma de ejercerlo.
Visión federalista
Los federalistas defendían que la soberanía se mejor expresaba mediante un gobierno representativo. Creían que los ciudadanos debían elegir a sus representantes, quienes tomarían decisiones en nombre de la comunidad. Según ellos, la Constitución establecía un sistema de pesos y contrapesos que protegía el bienestar nacional y evitaba que grupos o individuos particulares dominaran el proceso.
Visión anti‑federalista
Los anti‑federalistas mostraban mayor escepticismo respecto a la representación. Argumentaban que los ciudadanos comunes pueden dejarse llevar por pasiones y, por tanto, ser manipulados por élites poderosas. Por eso proponían una democracia directa, en la que la población decidiera por sí misma, sin intermediarios.
En resumen, ambos bandos compartían la idea de la soberanía popular, pero diferían en el modo de materializarla: los federalistas optaban por la representación, mientras que los anti‑federalistas favorecían la participación directa.