La intervención de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial dejó una huella profunda en su política exterior durante la década de 1920. A continuación, se describen los principales efectos.
Retorno al aislacionismo
Tras la guerra, predominó un fuerte deseo de evitar nuevos compromisos en Europa. Este sentimiento se reflejó en la elección de Warren G. Harding en 1920, quien hizo campaña bajo el lema “America First”.
Rechazo del Tratado de Versalles
El Senado estadounidense no ratificó el Tratado de Versalles, impidiendo que EE. UU. se uniera a la Sociedad de Naciones. Los opositores consideraban que el tratado era demasiado punitivo con Alemania y que comprometía la soberanía nacional.
Leyes de Neutralidad
En la década de 1930 se promulgaron una serie de Leyes de Neutralidad que limitaban la venta de armas y otros suministros bélicos a naciones en conflicto, y restringían el viaje de ciudadanos estadounidenses a barcos de países beligerantes.
Pacto Kellogg‑Briand
En 1928 EE. UU. firmó el Pacto Kellogg‑Briand, que condenaba la guerra como instrumento de política nacional. Aunque lo suscribieron la mayoría de las naciones, el acuerdo carecía de mecanismos de ejecución y no logró evitar futuros conflictos.
Ascenso de regímenes totalitarios
El período de entreguerras vio el surgimiento de gobiernos totalitarios en Europa, como la Alemania nazi y la Italia fascista, los cuales desafiaron el orden internacional y sentaron las bases de la Segunda Guerra Mundial.