Los líderes aliados se congregaron en las conferencias de Yalta (febrero de 1945) y Potsdam (julio‑agosto de 1945) por varias razones cruciales.
Decidir el futuro de Alemania
Con la guerra casi finalizada, era esencial acordar cómo dividir y administrar el territorio y la población alemana tras su derrota.
Establecer el destino de las demás potencias del Eje
Se debatió también el tratamiento que recibirían Italia, Japón y otros países ocupados, así como la reorganización política de Europa Central y del Este.
Estas decisiones sentaron las bases del orden mundial de la posguerra.