Durante la Era de los Descubrimientos, varios instrumentos revolucionaron la navegación, permitiendo a los marinos europeos aventurarse más allá de lo conocido.
El astrolabio
Inventado en la antigua Grecia, perfeccionado por los árabes y adoptado por los portugueses a principios del siglo XV, el astrolabio servía para determinar la latitud de un lugar. Consistía en un disco giratorio que representaba la mitad del cielo o el zodíaco, montado en un marco que permitía alinear objetos celestes específicos.
La brújula magnética
Instrumento esencial para hallar la dirección, la brújula sufrió mejoras significativas en el siglo XIV con la incorporación de gimbales que estabilizaban la aguja. Originaria de China, donde se utilizó durante siglos para aplicaciones terrestres, su introducción en la navegación marítima supuso un gran avance: los navegantes podían mantener el rumbo sin depender del clima ni de la hora del día.
La vara de cruz
Esta herramienta, compuesta por dos bastones de madera que se cruzan, se empleaba para medir la altura de los cuerpos celestes. Al observar la altitud máxima o mínima de un astro conocido, generalmente el Sol, los marinos calculaban la latitud del lugar en el que se encontraban.