Revolución Rusa de 1917
La Revolución Rusa fue un periodo de agitación política y social que culminó con la caída de la dinastía Romanov y la creación de la Unión Soviética. Todo comenzó en febrero de 1917, cuando huelgas y manifestaciones en Petrogrado (actual San Petersburgo) protestaban contra la escasez de alimentos y la gestión del conflicto bélico. En marzo, el zar fue depuesto y se instauró un Gobierno Provisional que, incapaz de resolver los problemas urgentes, perdió rápidamente el apoyo popular.
En noviembre de 1917, el Partido Bolchevique, liderado por Vladimir Lenin, tomó el poder y estableció un régimen comunista.
Tratado de Brest‑Litovsk
En marzo de 1918 el nuevo gobierno bolchevique firmó el Tratado de Brest‑Litovsk con Alemania y Austria‑Hungría, poniendo fin a la participación rusa en la Primera Guerra Mundial. El acuerdo supuso una humillante derrota para Rusia, que cedió vastos territorios y millones de habitantes. Sin embargo, permitió al régimen consolidar su poder y comenzar la reconstrucción del país.
Guerra Civil Rusa (1918‑1921)
La guerra civil estalló en 1918 entre los bolcheviques (los "Rojos") y una heterogénea coalición de fuerzas anti‑bolcheviques conocidas como los "Blancos". Estos últimos recibieron apoyo de las potencias aliadas, que esperaban que derrotaran al nuevo gobierno y reabrieran el frente contra Alemania. Tras intensos combates, los bolcheviques lograron la victoria definitiva en 1921, poniendo fin a la resistencia blanca.
Colapso del Imperio Ruso
El colapso del Imperio Ruso fue una de las consecuencias más graves de la Primera Guerra Mundial. El conflicto agotó la economía y la sociedad, y el gobierno no pudo enfrentar los retos bélicos. La Revolución de 1917 fue la gota que colmó el vaso, provocando la disolución del imperio y el nacimiento de la Unión Soviética.