Pérdida de popularidad
Desestalinización: El "Discurso Secreto" de 1956 denunció el culto a la personalidad y la represión de Stalin. Si bien ganó apoyo inicial, provocó una reacción entre algunos miembros del Partido que temían inestabilidad y desorden del sistema.
Fracasos agrícolas: Las ambiciosas reformas, como la campaña de las Tierras Vírgenes, produjeron resultados mixtos, generando escasez y trastornos en el suministro de alimentos.
Estancamiento económico: La economía soviética se desaceleró bajo su mandato, con un crecimiento rezagado y graves ineficiencias que minaron la confianza popular.
Escasez de vivienda: A pesar de los esfuerzos por mejorar la vivienda, la falta de hogares siguió siendo un problema que alimentó el descontento.
Represión cultural: Sus políticas restringieron la libertad creativa y la expresión artística, alienando a intelectuales y artistas que sentían coartada su creatividad.
Errores de política exterior: La gestión de la Crisis de los Misiles en Cuba (1962) y su postura confrontacional en otras crisis internacionales generaron la percepción de imprudencia, erosionando su credibilidad tanto en casa como en el extranjero.
Destitución del poder
En octubre de 1964, un grupo de altos dirigentes del Partido organizó una destitución relativamente sin derramamiento de sangre. Las razones oficiales fueron la mala salud, la avanzada edad y los errores estratégicos en política exterior. Otros factores incluyeron la preocupación por su toma de decisiones errática y una lucha interna por el poder dentro de la cúpula colectiva.
La caída de Khrushchev marcó un punto de inflexión en la historia soviética y abrió paso a un liderazgo más cauteloso y conservador bajo Leonid Brezhnev, iniciando la era conocida como "estancamiento de Brezhnev".