Monarquía (753 a.C. – 509 a.C.)
El poder estaba concentrado en un rey con autoridad absoluta.
El Senado, compuesto por ancianos, asesoraba al monarca.
La Comitia Curiata, una asamblea de patricios, también ejercía ciertas funciones.
República (509 a.C. – 27 a.C.)
El gobierno estaba a cargo de dos cónsules elegidos anualmente por el Senado.
El Senado era la principal fuente de poder político.
La Comitia Centuriata, asamblea que reunía a todos los ciudadanos, tenía competencias en la elección de magistrados y en decisiones de guerra.
Imperio (27 a.C. – 476 d.C.)
El emperador ostentaba el poder absoluto.
El Senado y la Comitia Centuriata perdieron prácticamente toda autoridad.
El territorio se dividió en provincias, cada una gobernada por un procónsul o gobernador designado por el emperador.
Así, la historia de Roma muestra una evolución desde una monarquía autocrática, pasando por una república oligárquica, hasta un imperio centralizado.