Poder ejecutivo
Como jefe de Estado, Luis XVI podía nombrar y destituir ministros, celebrar tratados, declarar la guerra o la paz y promulgar decretos.
Poder legislativo
Aunque existía el Estado General, la iniciativa legislativa recaía en el monarca. Él podía convocar o disolver la asamblea y vetar cualquier proyecto aprobado.
Poder judicial
Era la máxima autoridad judicial; podía conceder indultos, conmutar penas y supervisar el sistema de justicia.
Autoridad religiosa
Portaba el título de «Rey más Cristiano» y, como jefe de la Iglesia católica francesa, nombraba obispos y arzobispos.
Autoridad militar
Era el comandante‑en‑jefe del ejército, con facultad para declarar la guerra, reclutar tropas y negociar tratados de paz.
Inmunidad diplomática
Como soberano, disfrutaba de inmunidad frente a tribunales extranjeros.
Derecho divino
Creía que su autoridad provenía directamente de Dios, lo que le hacía sentirse por encima de cualquier autoridad terrenal.
Aunque estos poderes eran amplios, no eran absolutos; estaban condicionados por la nobleza, la burguesía emergente y las ideas de la Ilustración.