Percepción inicial
Al comienzo de la ocupación, los judíos de Sighet imaginaban a los soldados alemanes como personas cultas, racionales y civilizadas, incapaces de perpetrar una atrocidad como el genocidio. Esta visión se basaba en prejuicios preexistentes y en la ausencia de experiencias directas con la violencia nazi.
El desencanto
Con el agravamiento de la represión, la realidad fue desmoronando esa ilusión. Las deportaciones, los campos de concentración y la creciente deshumanización provocaron una profunda conmoción y una sensación de traición entre la comunidad judía.
Conclusión
Lo que empezó como una creencia de que los alemanes eran una nación “civilizada” se transformó rápidamente en un reconocimiento doloroso de su capacidad para la brutalidad extrema.