Primera Guerra Mundial (1914‑1918)
Hundimiento del Lusitania
En 1915, un submarino alemán hundió el transatlántico británico Lusitania frente a la costa irlandesa, provocando la muerte de más de 1.200 personas, entre ellas 128 estadounidenses. La indignación pública en EE. UU. aumentó rápidamente, acercando al país a la guerra contra Alemania.
Guerra submarina sin restricciones
En 1917 Alemania adoptó la política de guerra submarina sin restricciones, atacando cualquier barco que cruzara el Atlántico, incluso los neutrales. Esta medida pretendía cortar los suministros británicos, pero intensificó aún más la tensión con EE. UU.
Tras estos incidentes, Estados Unidos declaró la guerra a Alemania en abril de 1917, integrándose al bando aliado y desempeñando un papel decisivo en el desenlace del conflicto.
Segunda Guerra Mundial (1939‑1945)
Ataques de los submarinos alemanes
Durante la expansión del conflicto en Europa, los submarinos alemanes (U‑boat) llevaron a cabo una intensa campaña de hundimientos en el Atlántico, amenazando tanto la navegación británica como los intereses estadounidenses. El derribo de buques mercantes y navales estadounidenses acercó las relaciones EE. UU.–Alemania al punto de ruptura.
Política aislacionista y apoyo a Gran Bretaña
Inicialmente EE. UU. mantuvo una postura aislacionista, reacia a entrar en la guerra. No obstante, el presidente Franklin D. Roosevelt empezó a ayudar a Gran Bretaña mediante acuerdos comerciales y programas de asistencia, como el programa de Préstamo‑y‑Arriendo. La invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939 impulsó una mayor cooperación con los Aliados.
Finalmente, EE. UU. entró formalmente en la Segunda Guerra Mundial en diciembre de 1941, después del ataque japonés a Pearl Harbor, aunque Japón era aliado de Alemania e Italia.
En ambas guerras mundiales, estos episodios marcaron momentos críticos en los que EE. UU. tuvo que decidir si declaraba la guerra y se involucraba directamente en los conflictos internacionales.